La tuberculosis, una de las enfermedades más antiguas y mortales de la humanidad, vuelve a encender las alarmas en Estados Unidos tras recuperar en 2023 el título de la infección más letal del mundo, superando incluso al COVID-19.

Aunque el país mantiene una de las tasas más bajas a nivel global, los casos han ido en aumento desde 2020, revirtiendo tres décadas de descenso sostenido. Datos preliminares de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) señalan que en 2025 se registraron 10.260 casos, incluidos 967 solo en Nueva York.

Expertos advierten que la cifra real podría ser mayor, ya que los síntomas suelen confundirse con enfermedades comunes como la gripe, lo que retrasa el diagnóstico y facilita la propagación. Este escenario también incrementa el riesgo de que la bacteria desarrolle resistencia a los antibióticos.

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La tuberculosis es una enfermedad infecciosa que generalmente afecta a los pulmones, aunque puede extenderse a órganos como los riñones, el cerebro o la columna vertebral. Se transmite por el aire cuando una persona infectada tose, habla o estornuda, liberando partículas que pueden ser inhaladas por otros.

Existen dos formas principales: la tuberculosis activa, que presenta síntomas y es contagiosa, y la latente, en la que la bacteria permanece inactiva. Sin embargo, entre un 5% y 10% de los casos latentes pueden activarse si el sistema inmunológico se debilita.

En Estados Unidos, se estima que hasta 13 millones de personas viven con tuberculosis latente, y más del 80% de los casos activos provienen de estas infecciones no tratadas durante años.

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Los síntomas de la forma activa incluyen fiebre, sudoración nocturna, pérdida de peso, fatiga y, en casos pulmonares, tos persistente, dolor en el pecho y expulsión de sangre. Sin tratamiento, una persona infectada puede contagiar entre 10 y 15 personas al año.

El tratamiento existe, pero no es sencillo: requiere combinaciones de antibióticos durante al menos seis a nueve meses. La duración y los efectos secundarios dificultan que muchos pacientes completen el proceso, lo que favorece la aparición de cepas resistentes.

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A nivel global, la tuberculosis causa cerca de 1,6 millones de muertes al año, superando enfermedades como el VIH o la malaria. Sin tratamiento, aproximadamente la mitad de los casos activos pueden resultar mortales. (I)