La pérdida auditiva en Ecuador es más común de lo que se cree, pero sigue siendo una condición silenciosa que suele detectarse tarde. Se estima que alrededor del 5 % de la población vive con algún trastorno auditivo, mientras que a nivel regional una de cada cinco personas presenta algún grado de afectación.

A pesar de estas cifras, muchas personas pueden tardar hasta diez años en buscar ayuda desde la aparición de los primeros síntomas, un retraso que permite que el problema avance y afecte la comunicación, el desempeño académico y la salud cognitiva.

“Cada vez se descubren más problemas auditivos en la población”, advierte el doctor Edwin Andrade, director médico de Proaudio, quien señala que la situación varía según la edad, pero que existe una alerta particularmente preocupante en jóvenes.

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En su experiencia clínica, el especialista asegura que cada vez es más frecuente encontrar casos de deterioro auditivo prematuro. “Jóvenes de entre 20 y 25 años que tienen un nivel auditivo que correspondería tener a los 70 años de edad”, señala. Este fenómeno se asocia principalmente al uso prolongado y en alto volumen de audífonos, teléfonos y otros dispositivos electrónicos, muchas veces desde edades tempranas.

La pérdida auditiva, explica, es progresiva y no presenta síntomas inmediatos, lo que dificulta su detección. Sin embargo, hay señales de alerta. En adolescentes y jóvenes pueden aparecer zumbidos en los oídos, intolerancia a sonidos fuertes o dificultades para entender en clases.

Además, advierte que la exposición al ruido inicia cada vez a edades más tempranas. En su práctica ha identificado casos de niños que utilizan audífonos desde los 6 o 7 años a volúmenes elevados, lo que acelera el deterioro auditivo sin que existan síntomas inmediatos. “Es una pérdida progresiva, lentamente progresiva y que no causa manifestaciones inmediatas, sino a largo plazo”, explica.

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La pérdida auditiva avanza silenciosamente en Ecuador: detección tardía y riesgos en jóvenes. Foto: Simon Huwiler

La audición en la infancia, clave para el desarrollo

El problema no solo afecta a jóvenes. Desde el nacimiento, la audición cumple un rol fundamental en el desarrollo humano. Andrade cuenta que el oído está prácticamente formado desde el embarazo y que el niño nace con una capacidad auditiva desarrollada. Esta es clave para el desarrollo del lenguaje, al que describe como “esta herramienta extraordinaria que nos permite comunicarnos”.

El especialista también destaca que la audición no solo permite escuchar, sino que estimula directamente el desarrollo cerebral. Según explica, desde el vientre materno el oído ya está formado y conectado con el sistema nervioso, lo que permite que el recién nacido no solo escuche, sino que comience a procesar sonidos desde el primer momento de vida.

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Por ello, la detección temprana es esencial. Actualmente existen tecnologías que permiten evaluar la audición desde el primer día de vida, disponibles en gran parte de hospitales del país. Si un recién nacido no supera el tamizaje auditivo, debe someterse a una evaluación completa y recibir intervención lo antes posible.

Los signos de alerta en la infancia incluyen la falta de respuesta a sonidos o ruidos fuertes, retrasos en el desarrollo del lenguaje, dificultades de aprendizaje o que permanezca excesivamente tranquilo ante estímulos sonoros. “Un niño al año y medio debe tener por lo menos cinco palabras y debe estar entendiendo lo que están hablando alrededor. Si no ocurre, debe hacerse exámenes auditivos”, comenta.

En muchos casos, estos problemas pueden pasar desapercibidos durante el primer año de vida, por lo que la observación de los padres es clave.

Adultos mayores: aislamiento y deterioro cognitivo

La pérdida auditiva avanza silenciosamente en Ecuador: detección tardía y riesgos en jóvenes. Foto: Cortesía

En la edad adulta, la pérdida auditiva también tiene consecuencias importantes. A partir de los 60 años, una tercera parte de la población presenta problemas auditivos significativos, cifra que aumenta a la mitad en mayores de 70. Más allá de la dificultad para oír, el impacto alcanza la vida social y la salud mental. “Si una persona no está oyendo bien, se aísla y deja de intervenir con su familia”, menciona Andrade.

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Esta falta de interacción no solo afecta el entorno social, sino que implica un esfuerzo adicional para el cerebro. El especialista explica que una persona con pérdida auditiva debe concentrarse mucho más para entender conversaciones, lo que genera desgaste mental y, con el tiempo, abandono de la comunicación cotidiana.

Este aislamiento puede derivar en un deterioro cognitivo. “Se considera que los problemas de memoria, relacionados con enfermedades como el Alzheimer, pueden ser prevenidos en buena medida con una audición adecuada”, añade. Mantener la estimulación auditiva activa ayuda a preservar las funciones cerebrales y la interacción social.

Un diagnóstico oportuno

Se estima que alrededor del 5 % de la población vive con algún trastorno auditivo.

Frente a este panorama, la prevención y el diagnóstico oportuno son fundamentales. “En adolescentes y adultos jóvenes, protección auditiva, cuidado auditivo y prevención son las acciones más importantes”, enfatiza el especialista.

Como parte de estos esfuerzos, del 14 al 17 de abril se realizaron jornadas auditivas gratuitas a nivel nacional, con atención en 29 puntos en distintas ciudades del país. Estas jornadas buscaron acercar el diagnóstico a la población y reducir el subregistro de casos. En ediciones anteriores, más de 3.000 personas han sido atendidas, muchas de las cuales desconocían que tenían algún grado de pérdida auditiva.

Durante estas, se realizan chequeos completos que incluyen revisión del conducto auditivo, estudios de tímpano, audiometrías y pruebas de comprensión en ambientes con ruido.

El especialista también advierte sobre prácticas comunes que pueden resultar perjudiciales, como el uso de cotonetes. “Es una de las peores cosas que se pueden hacer en el oído. El oído no se debe limpiar; se limpia por sí solo”, aclara.

Finalmente, Andrade insiste en la importancia de no ignorar las señales. “No dejar pasar el tiempo”, resume. En un contexto donde la pérdida auditiva puede avanzar sin síntomas evidentes durante años, la detección temprana y el cuidado preventivo se convierten en herramientas clave para preservar la calidad de vida en todas las etapas. (E)