Un estudio de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) constató que “la presión por encajar en tallas de ropa irreales puede provocar frustración, ansiedad y trastornos de la conducta alimentaria entre adolescentes”, especialmente cuando se trata de chicas de entre 12 y 15 años.
Ha participado en el informe la psiquiatra Lucía Gallego Delke, quien revela que en los últimos 21 años se registraron en España 15.338 ingresos por anorexia nerviosa, lo que representa el 12,9 % de las hospitalizaciones por trastornos mentales en jóvenes.
Este estudio, publicado en la revista científica Journal of Eating Disorders, también señala que el 90 % de los casos corresponde a mujeres con una edad media de 15 años y una estancia hospitalaria de 14 días, superior a la de otros trastornos psiquiátricos, detalló la UNIR en su portal web el pasado 11 de mayo.
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Frustración continua
“El tallaje reducido en la ropa para adolescentes puede aumentar el riesgo de malestar psicológico y problemas de salud mental”, explicó Gallego, también directora médica del Instituto de Salud Mental y Bienestar Emooti.
La psiquiatra justifica que la frustración continua por no encontrar tallas disponibles o no poder acceder a determinadas marcas puede activar ansiedad, autocrítica, perfeccionismo o sensación de no encajar.
Además, la reducción del rango de tallas o la oferta exclusiva de modelos pequeños, incluidos los formatos de talla única (one size), refuerza un ideal corporal limitado, ya que “no solo define una estética, sino que condiciona la salud mental de una generación”, precisó.
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“No entrar en una talla puede provocar una autoevaluación negativa, que empuja a iniciar dietas restrictivas sin supervisión médica, aumentando el riesgo de anorexia nerviosa y bulimia”, detalló Gallego.
Las redes sociales
El impacto del tallaje irreal se ve amplificado por las redes sociales, dado que “muchas jóvenes comparan su cuerpo con imágenes filtradas o editadas, lo que refuerza la percepción de que hay algo incorrecto en ellas”, apuntó la psiquiatra.
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Así, la mala autoimagen es uno de los principales predictores de riesgo para autolesiones y conductas suicidas, porque “si no encajan en la ropa de su grupo de referencia, pueden interpretar que tampoco encajan en el entorno social al que aspiran”.
La falta de herramientas para la autorregulación del malestar psicológico puede derivar, explicó Gallego, incluso en autolesiones para manejar y aliviar el dolor emocional.
Espacios familiares
Ante esto, esta psiquiatra destacó la importancia de fomentar espacios de diálogo abiertos y sin tabúes en el ámbito familiar, donde los adolescentes puedan expresar sus inquietudes. “Es fundamental abordar la imagen corporal y el sentimiento de pertenencia sin restarles importancia”, subrayó esta experta, quien insistió en la necesidad de trasladar el mensaje de que “el problema no reside en el cuerpo, sino en un sistema de tallaje limitado y poco inclusivo”.
Subrayó que escuchar y poner palabras a estas experiencias ayuda a prevenir que el malestar se interiorice y derive en conductas de riesgo, como los trastornos de la conducta alimentaria o las autolesiones.
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Agudización en los últimos cinco años
El equipo de Gallego encontró también que, después del primer año de la pandemia por COVID-19, las admisiones hospitalarias de adolescentes con anorexia nerviosa (AN) aumentaron marcadamente en un 89 %. La AN es un trastorno mental caracterizado por un intenso miedo a ganar peso y una imagen corporal equivocada (la persona con peso bajo o normal se percibe con sobrepeso), lo que motiva a que se someta a severas restricciones en la dieta o a otras conductas destinadas a la pérdida de kilos, como purgas o un régimen extremo de ejercicio físico.
Las adolescentes y las adultas jóvenes están particularmente en riesgo.
La AN se asocia con resultados de salud adversos, pobre calidad de vida y una alta carga sobre los individuos, sus familias y la sociedad.
Los adolescentes con trastornos mentales solo necesitan hospitalización ocasionalmente. Gallego observa que aunque hay una escasez de investigación sobre la tasa de admisiones por enfermedades mentales en general, y específicamente en anorexia nerviosa, estudios recientes en Europa y Norteamérica han permitido notar un aumento en esos ingresos a partir de la pandemia.
“Por tanto, aquí hemos examinado las principales novedades y tendencias en adolescentes entre adolescentes hospitalizados con AN en España entre 2000 y 2021. Este análisis busca proveer información valiosa que guíe las políticas educativas y mejore las estrategias preventivas en las escuelas e intervenciones terapéuticas tempranas”, agregó.
Otros tipos de trastornos de la alimentación
Aunque el bajo peso corporal o el bajo índice de masa corporal son las características centrales de la AN, la realidad es que las funciones cognitiva y emocional están profundamente perturbadas. Así que Gallego quiere resaltar que la anorexia nerviosa es principalmente un trastorno mental, aunque para la mayoría lo más evidente sea el cambio físico.
“Cualquier consideración acerca de la AN debería hacerse aparte de los análisis del mero peso corporal”, sostuvo.
La AN está clasificada individualmente dentro de la categoría de trastornos de la alimentación, en la que también se reconocen condiciones como el trastorno por evitación / restricción de la ingesta de alimentos (Teria), la pica (un trastorno alimentario caracterizado por la ingesta persistente de sustancias no nutritivas y no comestibles (como tierra, tiza, papel, jabón o cabello) y el trastorno de rumiación (la regurgitación repetida e involuntaria de alimentos poco después de comer), que ocasionalmente se considera una anorexia nerviosa atípica.
Gallego reconoce que este estudio ha tenido varias limitaciones y que la discusión debe continuar. “Aunque nuestros datos cubren 22 años de admisiones hospitalarias en España, no cubren completamente las tasas nacionales de AN. Al contrario, nuestros hallazgos pueden representar solamente la punta de ese iceberg que es la carga total de AN entre la juventud en España, pues no incluimos a los que no fueron llevados a un hospital”, especificó.
Otra limitación es que este análisis estuvo restringido a jóvenes de 11 años en adelante, así que no pudieron explorarse los casos de AN en niños. Y una afirmación impactante de Gallego es que las hospitalizaciones entre menores de 11 años están aumentando, según estableció un equipo de investigadores en la revista Lancet Psychiatry en 2021 (La carga oculta de los trastornos de la alimentación: una extensión de los estimados del estudio de la carga global de enfermedades 2019).
“Para concluir, nuestro análisis no se extendió en la relación entre la AN y otros trastornos mentales o a las personas con múltiples condiciones psiquiátricas”, manifestó. El programa Carga Global de Enfermedades estima que la AN y la bulimia nerviosa afectan a 13,6 millones de personas en todo el mundo. (F)








