Alguna vez el sitio de las fotos y videos del bebé en la cuna, en el baño, las primeras palabras, los primeros pasos y el primer día de clases fue un álbum físico. Ahora esas imágenes están en una cuenta de red social. A veces, a nombre directo del niño o la niña. Manejado por un adulto. Cuando ese bebé crezca, aun si decide recrear por su cuenta una identidad en línea, no podrá evitar tener una nutrida (e involuntaria) huella digital tras de sí.