Una nueva investigación aporta evidencias sobre la distribución de plantas nativas y no nativas en los Andes ecuatorianos, uno de los ecosistemas más diversos y frágiles del planeta.
Este estudio fue desarrollado por científicos del Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio), de la Universidad de Chile, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), de la Fundación para la Conservación e Investigación JaPu y de las universidades Espíritu Santo, de Chile, de Barcelona, de Tasmania, de Cuyo y de New South Wales.
Los investigadores analizaron la riqueza y diversidad de plantas a lo largo de un gradiente altitudinal en las laderas del volcán Tungurahua, cerca de la ciudad de Baños, específicamente en la comunidad de Pondoa, entre los 2.000 y 4.400 metros sobre el nivel del mar, de acuerdo con este estudio que fue publicado en la revista científica Springer Nature.
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Durante el análisis, los científicos registraron 247 especies de plantas, pertenecientes a 75 familias botánicas y 171 géneros. De estas, 180 especies son nativas, incluyendo 11 endémicas; 38 fueron introducidas; y las restantes 29 corresponden a especies de origen aún no determinado.
Entre los resultados más relevantes, se expone que las especies no nativas se concentran principalmente en zonas bajas y disminuyen drásticamente con la elevación, mientras que las nativas alcanzan su mayor diversidad en zonas intermedias, alrededor de los 3.400 metros.
Con ello, se confirma que “las plantas no nativas, en su mayoría herbáceas y originarias de Europa, Asia y África, tienen una presencia limitada en zonas de mayor elevación debido a condiciones climáticas más extremas”, detalla el Inabio.
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Esta entidad destacó, en un comunicado, que en la investigación se reportan cinco especies de plantas no-nativas, no reportadas previamente para los Andes ecuatorianos, lo que resalta la necesidad de realizar mayor esfuerzo de muestreo para tener un inventario más completo de plantas no-nativas.
Esto respalda la hipótesis del ‘filtro ambiental’, que —según el análisis científico— sugiere que factores como las bajas temperaturas, la radiación y los suelos restringen la expansión de especies invasoras en ecosistemas de alta montaña.
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Los investigadores identificaron, además, que la presencia de especies no nativas está asociada a carreteras y senderos, actividades turísticas y zonas con mayor intervención humana, detalla la institución pública. “Estas áreas facilitan la introducción y dispersión de semillas, aumentando el riesgo de invasión biológica”, agregó.
Los ecosistemas de montaña son, de acuerdo con el Inabio, puntos críticos de biodiversidad caracterizados por fuertes gradientes climáticos y topográficos que promueven una alta riqueza de taxones y endemismo.
“Estos mismos gradientes también hacen que los sistemas de montaña sean especialmente sensibles a las invasiones biológicas, que se ven cada vez más exacerbadas por las actividades humanas y el cambio global”, detalló la entidad pública.
El Inabio resaltó, además, que los Andes ecuatorianos albergan un elevado número de taxones de plantas no nativas (451), que representan el 93% de la flora no nativa total del país. A pesar de este elevado número de taxones no nativos y el alto valor de conservación de la región, muy pocos estudios han examinado los patrones de distribución de estos taxones.
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En esta investigación participaron los científicos Isabela Vieira, Ileana Herrera, Anahí Vargas, Kevin Panchana, Andrés Espinoza Maticurena, Isabella Dillon, Estefany Goncalves, Agustina Barros, José R. Ferrer Paris y Jordi López Pujol. (I)



