La Antártica se acerca a una encrucijada sin vuelta atrás, en la que definirá si continuará con sistemas helados alterados o alterará todo lo que se conoce y transformará el ecosistema para siempre.

Un estudio publicado por el portal científico TheDebrief, reveló que las decisiones a tomar en las próximas década influirán directamente en el panorama que se tenga para el año 2100. Al ser la Antártica una de las zonas climáticas más sensibles, las temperaturas han aumentado más rápido que el promedio y los efectos ya son tangibles.

“Limitar las temperaturas por debajo de 2 °C y lo más cerca posible de 1,5 °C, junto con una gobernanza eficaz, resultará en una mayor resiliencia y cambios relativamente moderados. Cualquier escenario de emisiones más altas dañará sistemas prístinos, provocará una pérdida de hielo sostenida e irreversible en escalas de tiempo humanas y se extenderá a las regiones antárticas más allá de la Península”, expresó el informe.

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¿Cuáles son los dos escenarios que pudieran presentarse?

El modelo más optimista, definido como SSP1-2.6, contempla que el calentamiento global se limite a 1,8 °C por encima de los niveles preindustriales. Bajo esas condiciones, los cambios en la Península Antártica se mantendrían, pero sin llegar a una catástrofe. Las temperaturas aumentarían unos 0,55 °C, se mantendría en hielo un tanto similar y los glaciares se conservarían, con contribuciones mínimas al nivel del mar.

Bajo la superficie, la transformación de la Antártida ya está en curso / Foto: EFE/ Diana Marcela Tinjacá Foto: Diana Marcela Tinjacá Diana Marcela Tinjacá

Pero hay un escenario más catastrófico, en la definición SSP5-8.5, en el que las temperaturas en la península podrían aumentar más de 4 °C respecto a las actuales, caerían más precipitaciones, se aceleraría el deshielo y subiría el número de días con temperaturas por encima del punto de congelación. Se prevé colapso, elevación de unos 7,5 milímetros del nivel del mar y escalas temporales más largas.

Bajo la superficie, la transformación de la Antártida ya está en curso, gracias a las aguas cálidas que derriten los glaciares desde abajo sin siquiera poder detectarlas. También sale a relucir el rico ecosistema, integrado por pingüinos, focas, kriles…, que se ven perturbados por esta biodegradación.

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(I)

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