Durante más de dos décadas, Marcela Ruete ha ocupado un lugar reconocible dentro de la televisión ecuatoriana. Su rostro, su forma de hablar y ciertos gestos asociados a personajes femeninos de clase acomodada, coloquialmente llamados “aniñados” en distintos sectores del país, han quedado fijados en la memoria de quienes crecieron viendo televisión abierta en los años dos mil.

Nacida en Guayaquil y de padres argentinos, Ruete construyó una trayectoria vinculada principalmente a la comedia televisiva.

Su presencia en producciones como El Cholito, Tres familias y Los Barriga la ubicó dentro de una generación de actores que han dejado huella en el entretenimiento nacional.

Publicidad

A lo largo de su carrera, se movió con precisión dentro de registros donde la exageración, la ironía y la observación social sostienen el relato. Sus personajes, en su mayoría mujeres seguras de su estatus, a veces ingenuas, otras confrontativas, dialogaron con estereotipos reconocibles. A sus 40 años, madre de tres hijos y con un largo periodo alejada de la pantalla, retoma uno de los personajes más recordados de su carrera en El Cholito forever, producción que se estrena en marzo por Ecuavisa.

Cococha, la razón de volver para Marcela Ruete

Tras su última producción en 2021, en Casi 40tonas (TC Televisión), decidió detener su presencia en pantalla. Ese tiempo estuvo dedicado a otros proyectos y a una rutina organizada lejos de los horarios de set. La confirmación de El Cholito forever llegó mientras se encontraba de vacaciones en Argentina. El personaje que interpretó a inicios de los años dos mil volvía a escena, esta vez atravesado por otra etapa de vida y por un guion trabajado con antelación.

¿Por qué volver ahora?

Siempre dije que no iba a volver en 2022 o 2023. En ese tiempo estaba enfocada en cosas mías, en manejar mis tiempos. Volver ahora fue por Cococha.

Publicidad

Es un personaje que amo, del que me enamoré cuando tenía 19 años y que la gente quiere muchísimo. Cuando supe que el proyecto se estaba escribiendo con tanto cuidado, sentí que tenía que estar.

¿Cómo se dio la propuesta?

Estaba en Argentina de vacaciones con mis hijos y mi esposo cuando me llama Jorge Toledo y me dice que ya era confirmado, que quería hacer El Cholito forever y que necesitaban saber si contaban conmigo. Fue una alegría grande, pero también una preocupación. Volver a una novela implica muchos meses de grabación y yo ya estaba acostumbrada a otra dinámica. Lo hablé con mi familia y me apoyaron al cien por ciento.

Publicidad

¿Qué encontraste al volver a interpretarla?

Es fuerte. El personaje reaparece, pero su vida también pasó por momentos difíciles y por momentos lindos. La trama está muy bien armada.

Nos pasa que leemos los libretos y quieres seguir leyendo porque pasan cosas todo el tiempo. Cococha no es la misma de antes: ahora es madre, tiene otras preocupaciones, otras responsabilidades, pero mantiene su esencia.

¿Cómo es el ritmo de grabación actualmente?

Grabamos fuerte, todo el día. Las grabaciones terminan a finales de marzo. Me organicé mejor. Cuando uno ya se compromete con algo, da el cien por ciento. Llegó un momento en el que dije: “Estos meses son para la novela”, y así lo asumí.

¿Cómo ha sido el trabajo con el elenco?

Me llevo muy bien con todos. El ambiente laboral es clave, porque pasas muchas horas ahí. Con Martín Calle ahora grabo muchísimo, cosa que antes no pasaba. También me toca grabar bastante con actores nuevos que están haciendo su primera producción.

Publicidad

Maga (Donggilio), por ejemplo, con quien comparto muchas escenas, es un amor. Elba González también, una gran actriz, con muchísima energía. Ellos están explorando sus personajes, aprendiendo, y eso se siente en el set.

Actualmente, ¿qué te genera interpretar a una madre?

Ayuda muchísimo. El ser mamá y actuar de mamá ayuda un montón. Usas tus sentimientos, lo que vives en tu casa. Hay escenas en las que uno conecta desde un lugar muy real.

Lulú (3 familias) es uno de tus personajes más queridos. ¿Qué detonó ese cariño por parte de la audiencia?

Lulú es un personaje muy parecido a Cococha: rubia, inocente, con ciertas cosas que se repiten. La diferencia está en el pasado de cada personaje, en lo que yo como actriz cargo para interpretarlos. Eso es lo que los separa, aunque sean tan parecidos. A mí me encanta que sean parecidos porque, cuando algo gusta, ¿por qué cambiarlo? Lulú fue un personaje divino. Me pasó que gente con enfermedades muy fuertes me paraba en la calle, en el supermercado, para decirme que ese personaje la acompañó en momentos difíciles. Una señora me dijo que durante su quimioterapia ponía 3 familias porque necesitaba reírse. Escuchar eso te cambia la forma de ver lo que haces.

La familia como estructura para Marcela Ruete

Creció entre dos culturas. Ese cruce aparece de manera natural en su relato: Argentina como lugar de formación, de primeros pasos adultos y de encuentros decisivos. Está casada con Francisco Negri y es madre de tres hijos: Cayetana, de 12 años; Francisco, de 10; y Martina, de 7. Esa estructura no aparece como un apéndice de su carrera: es el eje desde el cual organiza su trabajo, sus tiempos y sus decisiones.

A los 19 años, Ruete se mudó a Buenos Aires para estudiar actuación. Venía de una vida cómoda en Guayaquil y el cambio fue radical: vivir sola por primera vez, adaptarse a una ciudad grande y sostenerse lejos de su entorno cercano. Fue en ese contexto cuando conoció a quien hoy es su esposo. La relación atravesó etapas, distancias y una separación de tres años, antes de retomar el camino en común.

Desde entonces, su vida transcurre entre Ecuador y Argentina, aunque el centro está claramente puesto en Guayaquil. Allí formó su familia, nacieron sus hijos, dos en Argentina y la menor en Ecuador, donde decidió construir estabilidad, incluso cuando su carrera le abría otras posibilidades.

¿Cómo se tomó tu familia la decisión de volver a actuar?

Fue un desafío familiar. Yo ya estaba acostumbrada a trabajar en cosas mías, a manejar mis tiempos, a dedicarles tiempo a mis hijos, a mi casa, a mi esposo. Volver a grabar implica muchos meses de trabajo intenso. Lo hablé con ellos y me apoyaron al cien por ciento. Eso fue clave para poder hacerlo tranquila.

¿Qué fue lo que más te preocupó al inicio?

Me preocupé mucho. Pensaba qué iba a hacer con mis hijos, que no los iba a ver por seis meses. Me angustié antes de tiempo. Después todo se fue dando de una manera muy ordenada. Grabo fuerte, pero también tengo momentos para estar con ellos. Los viernes, por ejemplo, puedo dedicarles tiempo, estar en la casa, invitar a sus amigos, hacer planes. Todo se acomodó.

¿Cómo te organizas entre grabaciones y casa?

Me organizo mejor. Cuando uno se mentaliza, todo fluye distinto. Dije: “Estos meses voy a estar dedicada a la novela”, y así lo asumí. Llego en la noche y mis hijos ya están más grandes, alcanzo a verlos, a conversar, a acompañarlos. Antes eran pequeños y estaban todo el día en la casa. Ahora tienen actividades extracurriculares. Eso también facilita.

¿Qué lugar ocupa tu esposo en este proceso?

Él me acompaña en todo. Es mi confidente. Todo lo conversamos, todo lo organizamos juntos. Me apoya en mis decisiones y en mis proyectos. Eso da mucha tranquilidad.

¿Cómo mantienen el vínculo con Argentina?

Argentina es parte de nuestra historia. Mis hijos tienen vínculo con sus tíos, abuelos, primos. Viajamos al menos una vez al año para que compartan con ellos. Les gusta, se sienten parte. Pero nuestra vida está acá. Somos muy felices en Ecuador. Yo amo Guayaquil, mi país, mi comida, mis playas. Moverme de acá no es algo que esté en mis planes.

¿Cómo conociste a tu esposo?

Nos conocimos cuando yo tenía 19 años. Yo llevaba seis meses viviendo en Argentina estudiando actuación. Ahí nos encontramos. Después estuvimos separados unos años, tres años, y luego volvimos. A partir de ahí ya nos casamos.

¿Hace cuánto se casaron?

Estamos casados desde septiembre de 2009. Nos casamos civil y por la iglesia.

Hace poco registraron el matrimonio en Ecuador...

Fue algo muy práctico. Estábamos haciendo unos trámites en el banco y nos pidieron la cédula de casados. Yo todavía tenía cédula de soltera en Ecuador. Teníamos que homologar documentos o casarnos acá, y era más fácil casarnos. Ya estábamos casados, así que fue un tema administrativo.

¿Te ves de manera constante en la actuación?

Yo me proyecto más a corto plazo. Hoy estoy concentrada en El Cholito forever, en que el personaje funcione, en hacer bien mi trabajo. No tengo esa ansiedad de pensar qué viene.

¿En qué estás enfocada, más allá de la actuación?

Tengo una empresa de productos naturales que lancé con una amiga. Nos tomó tiempo organizarla, aprender cómo funciona todo, desde la parte legal hasta la distribución, pero hoy ya está caminando. También me he formado en cursos de bienestar, coaching y neurociencia. He estudiado mucho estos años, desde organización personal hasta meditación y hábitos. (E)