Una empresa de tecnología en el este de China diseñó cojines “inteligentes” y se los dio a sus empleados para sus sillas de oficina como parte de un estudio de producto. Se suponía que los cojines debían monitorear su salud, señalar las malas posturas como signo de posible fatiga, medir los ritmos cardíacos y contar los minutos que pasaban en los puestos de trabajo.