Veloz, explosivo, por eso lo apodaron Turbina. Además destacaba por su gran capacidad para desbordar. Y lo más importante: tenía gol. Esas eran varias de las virtudes futbolísticas de Ney Raúl Avilés Aguirre, peligroso exatacante guayaquileño surgido del semillero del colegio nacional Vicente Rocafuerte, en los años iniciales de la década de 1980.