Concluido el amargo empate sin goles frente a Ecuador en el Estadio Nacional, clasificatorio para el Mundial 2026, una idea se abría paso casi a susurros entre periodistas especializados, entrenadores, y ex jugadores entre el bramar de una hinchada indignada con el entrenador, el argentino Ricardo Gareca, pero indulgente con los jugadores, en particular con el gran ídolo, Arturo Vidal.
La sensación, casi furtiva, era que si bien Chile jugó una de las mejores primeras partes de la “era de El Tigre”, pero le faltó magia en el último pase -ese que filtran los magos del espacio- y olfato de nueve goleador para romper las redes y acabar con una sequía que dura ya demasiados meses.
Y tanto lo uno como lo otro, habían tenido que sufrir la espera durante 60 minutos en el banquillo: el primero, en la persona de Luciano Cabral, ese diez de estilo europeo, que maravilla con su visión del juego en la exigida liga argentina y al que la grada en un momento pidió a gritos.
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El otro es aún una incógnita con la casaca Roja, que solo ha vestido dos veces, y una realidad con la de su club: Fernando Zampredi, argentino de nacimiento, es el máximo artillero histórico de la Universidad Católica. Durante los dos últimos años, la afición y la dirigencia han rezado para acelerar su nacionalización, que se concretó hace menos de un mes.
En su lugar en el campo estaban el delantero Eduardo Vargas (35 años), autor de un gol en cinco partidos esta temporada en la liga uruguaya, y de tres en los ocho partidos de las actuales clasificatorias.
Y Arturo Vidal, 37 años, considerado uno de los mejores centrocampistas de la historia de Chile, actual capitán de Colo Colo, en un evidente declive físico como atestiguan sus numerosas lesiones en los últimos dos años -causantes principales de que no pudiera rendir en la exigente liga brasileña y le descartaran en la argentina.
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Ambos son miembros de la añorada “Generación Dorada” que en 2015 y 2016 lograron de forma consecutiva dos copas América al vencer a Argentina en sendas tandas de penales, y pertenecen a Vibra Fútbol, una agencia criticada por su supuesto lazo con la ANFP.
Desde entonces, Chile no suma más que fracasos internacionales en el continente y no acude a una copa del Mundo desde Brasil 2014.
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La pregunta, todavía en los calientes pasillos del histórico Estadio Nacional, era por qué Gareca había esperado una hora para dar entrada a Zampedri y el pelotero Cabral, haciendo un momento en el que el equipo había perdido la iniciativa y el balón, y comenzaba a sufrir el cansancio, y confiado de nuevo en Vargas y Vidal, que ya mostraron sus carencias días antes en Paraguay.
De la crítica furibunda a la titularidad
La relación entre Gareca, llamado por la ANFP a la desesperada en un intento por evitar una tercera ausencia mundialista que ahora ya es casi una realidad, y Vidal fue tensa desde el primer momento y derivó en algo obsceno con el devenir de los meses y la acumulación de malos resultados.
“El Tigre”, que llegaba con la vitola de haber llevado a Perú a una cita mundialista en una gran remontada cuando estaba en la situación similar a Chile, aterrizó con un discurso pragmático, llenó de ilusiones.
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El argentino trazó su estrategia en la que Vidal no tenía cabida: en los primeros cuatro partidos, el exvolante del FC Barcelona no apareció pese a las demandas de la afición y su aparente resignación del jugador, que desde las redes sociales, instaba a apoyar al “equipo de todos”, aunque se intuía que lo hacía “con la boca pequeña”.
Quedó fuera en su primer partido, derrotado frente a Argentina en Buenos Aires (3-0); entonces Chile ya era última con cinco puntos en seis partidos logrados bajo el mando de Eduardo Berizzo (5 encuentros) y Nicolás Córdoba, con derrotas dolorosas como el 3-0 de visita en Venezuela.
También del siguiente, en el que “la Roja” perdió en casa frente a Bolivia (1-2), una de las selecciones que lucha por el repechaje. Y en la siguiente fecha FIFA, en la que Chile perdió en casa frente a Brasil (1-2) y fue goleado en Colombia (4-0).
Para entonces, “la boca chica” había pasado a ser un estruendoso altavoz desde el que Vidal llegó incluso a faltar al entrenaron argentino y a despreciar los chicos jóvenes que trataba de introducir, a sus propios compañeros, al asegurar que “los partidos grandes, son para jugadores grandes”.
Ante la situación, y el clamor de una hinchada cada vez más irritada, Gareca cedió y convocó al “King” -que se acaba de proclamar de forma polémica campeón con Colo Colo- para la doble fecha de noviembre, frente a Perú y Venezuela.
Vidal retornó en loor de multitudes y prometió seis puntos frente a dos rivales directos y el inicio de la remontada chilena: la realidad es que Chile sacó un raquítico empate en Lima y una apurada victoria frente a Venezuela.
“Fue un espejismo”, aseguraba anoche un conocido periodista de radio. “El problema es que el conflicto con Vidal y su cesión final, le han hecho mucho mal al proyecto Gareca. Porque le restó autoridad al entrenador y ese se nota en el vestuario”. “Veremos que pasa, pero no toda la culpa es del entrenador. También de los jugadores, uno más que otros”, señaló el informador, que pidió no ser identificado.
Con diez puntos, último, a cuatro puntos del repechaje y ante un calendario terrorífico -Argentina, Brasil, Uruguay y Bolivia son los últimos cuatro rivales- el estadio comenzó anoche a cantar “Gareca ya se va”, en un estruendo que la ANFP, que parece desorientada, trató de silenciar con altavoces. Un paño caliente más. (D)