¿Qué palabra se usaría en el medio nacional para calificar el desempeño de un volante o un delantero extranjero que fichado por Barcelona SC, Emelec o por Liga de Quito, por un par de millones de dólares, jugara solo de repente, no rindiera nunca y no anotara goles? Seguramente, fracaso. Así fue llamado, por ejemplo, y con justicia, el argentino Rolando Zárate, de catastrófica estancia como canario (entre el pase y el pago de su demanda costó $3,5 millones).