La leyenda se agranda porque los milagros futboleros no dejan de ocurrir. Los rescates agónicos son agradecidos y celebrados efusivamente por los hinchas de la Lazio, desde las gradas del estadio Olímpico o desde donde se encuentren viendo los partidos de su equipo en estos tiempos de pandemia. Pero también son agradecidos los jugadores del club romano y el técnico Simone Inzaghi. Ellos saben que cuando todo parece perdido el ecuatoriano Felipe Caicedo entra a la cancha, desde la suplencia, y con un gol salvador siempre de último minuto, convierte una derrota en igualdad, o un empate en victoria.