Se obró el milagro, pero no alcanza para calmar las aguas. El Botafogo de Martín Anselmi avanzó a la fase 3 de la Copa Libertadores tras vencer 2-0 a Nacional de Potosí en el partido de vuelta.

El global quedó 2-1 para los cariocas y el objetivo mínimo, al menos en los papeles, se cumplió.

Pero el pase no trajo alivio. Todo lo contrario. La afición del Botafogo parece haber agotado la paciencia con el exentrenador de Cruz Azul.

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El mal juego, las sensaciones pobres y una racha de cinco derrotas consecutivas, recién cortada el pasado fin de semana, mantienen al argentino en la cuerda floja.

“Desastroso”. “Patético”. “No funciona”. “Hay que correrlo”. Las redes sociales fueron un paredón incluso después de la clasificación. El resultado salvó la noche, pero no maquilló el rendimiento.

Medios brasileños aseguran que una eliminación ante Potosí hubiera significado el final inmediato de su ciclo. El boleto a la siguiente ronda le dio oxígeno, aunque mínimo. En la próxima fase, Botafogo se medirá con Barcelona SC, una prueba que puede terminar de definir su futuro.

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El entrenador argentino llegó a Río tras un paso fallido por el FC Porto, para reemplazar a Davide Ancelotti, hijo de Carlo, histórico DT y actual seleccionador de Brasil.

Los números no acompañan: once partidos dirigidos, cinco victorias y seis derrotas. Todas las caídas fueron ante rivales directos; los triunfos, frente a equipos de menor peso que deambulan en la parte baja del campeonato. (D)