“Salió el gol en la Libertadores”. Tal fue el título de una columna que publicamos el 24 de septiembre pasado en la reanudación de la Copa tras los primeros meses de pandemia. Se habían convertido 80 goles en 22 partidos a un promedio de 3,64 por juego. Impresionante, sencillamente extraordinario por la elevada cantidad. Y porque se da en esta época, en la cual se marca infinitamente más que en el pasado. Hay fuertes y débiles como siempre, pero ahora todos los equipos salen bien preparados tácticamente, poseen un óptimo nivel físico, están muy informados del rival y lo colectivo prima sobre lo individual. Estamos en la era de la paridad. Aunque hubiere diferencias de calidad en los planteles, todos saben de qué se trata. En los comienzos de la Copa, años ’60, los grandes del Atlántico -Argentina, Brasil, Uruguay- estaban muchos escalones arriba de los demás. Se registraban marcadores abultados por la inocencia y el desconocimiento de muchos equipos. No había el equilibrio mínimo de fuerzas.