Han transcurrido 20 años y me hago la misma pregunta de aquellos memorables días en Londres, cuando llegamos como el invitado de piedra y salimos cubiertos de gloria de la mismísima catedral del tenis. La cuestión no es teológica ni filosófica, más bien se trata de la praxis del quehacer diario, del trabajo, del deporte, de la vida per se.