La Bundesliga no lo hubiera imaginado nunca. Ser el único plato del menú. Incluso con tribunas vacías logró atraer la atención del mundo futbolero, ávido de un trozo de este pan. Y quedó postre para la noche… Bastante. Podemos resumirlo en cinco puntos: 1) Luego de disputarse cuatro jornadas, demostró que, aún con la pandemia asolando, se puede jugar tranquilamente. De momento, sin público, cumpliendo los protocolos, pero sí es factible. Y todos los demás ahora apuran para volver. 2) Es un fútbol televisivo y sin el fervor del hincha, el factor que lo hace distintivo y único. Pero si se quiere evitar la quiebra de las instituciones, es una salida. Al menos cobran los derechos de TV. 3) La impresionante cantidad de victorias visitantes -16-, contra 7 locales y 10 empates. Esto demuestra la importancia fundamental del aliento de la gente para el local; sin ello, decrece. 4) El unicato del Bayern Munich es altamente contraproducente para el fútbol alemán, que desea convertirse en una liga global. El espectador rehúye de un torneo en el que siempre gana el mismo. No hay un segundo grande-grande que le haga sombra de verdad. 5) El fenomenal revulsivo que resultó Hans-Dieter Flick como DT en el Bayern Munich, cuando suplantó a Niko Kovac seis meses atrás.