Los tiempos que vive la Federación Ecuatoriana de Fútbol son preocupantes. Y no lo digo con el afán de dramatizar, pero resulta inaudito que el organismo rector del balompié nacional se encuentre inmovilizado institucionalmente y por ende inútil en sus responsabilidades. Y además está bicéfalo en su más alta dignidad en un claro ejemplo de lo que representa la ingobernabilidad. Ahora estamos pendientes de que los organismos internacionales, como la Conmebol y la FIFA, en expedientes separados, y en el tiempo que ellos puedan, tomen la decisión tan necesaria para nuestro fútbol.