La selección de fútbol sub-20 tuvo a los millones de ecuatorianos con una moral muy elevada y nos dejó sorprendidos por haber sido estelarista de un mundial. Nos tuvo tensos y calmados, según nuestro estado anímico; nos tuvo llenos de fe y de confianza de que daríamos el primer campanazo histórico con una enloquecida vuelta olímpica/mundialista. No se lo logró, pero obtuvimos un merecido tercer lugar.