Aunque tuvo el 68% de posesión de balón, Barcelona fue impreciso y errático en todas sus líneas y no fue por el mal estado del terreno de juego –sobre el que también actuó Universidad Católica– que sufrió su primera derrota como local y la segunda en general durante la temporada 2019. La caída se originó por el desorden y los desaciertos de los hombres que dirige Guillermo Almada.