El arribo a nuestro balompié de Hernán Darío Bolillo Gómez se convirtió en un suceso mediático por lo controvertida que fue su designación. A los directivos de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), que pensaron y apostaron a que el colombiano era el revulsivo que necesitaban para levantar el nivel de aceptación, tengo que decirles que lamentablemente no fue así. Trajeron a una persona que tiene luz propia y que sirve solo para alumbrar su derrotero y el de nadie más.