Si hubo un arquero que se metió en el corazón de los hinchas de Barcelona por su valentía a toda prueba, ese fue el manabita Víctor Mendoza. Arriesgado, era capaz de todo para evitar un gol. Fue huésped frecuente de los quirófanos para ser operado de varias lesiones, pero fue campeón con los toreros seis veces (1985, 1987, 1989, 1991, 1995, 1997). Tras largo tiempo en Nueva York y próximo a cumplir 56 años, Mendoza es dueño de un restaurante que tiene como nombre el apodo que lo inmortalizó: Espartaco. El guardameta que le peleó a Carlos Luis Morales y Walter Guerrero la titularidad, con prolongados lapsos en que se adueñó de ella, habla del Barcelona actual, de la Copa Libertadores, de porqué los toreros ya no producen goleros (su hijo, del mismo nombre, sueña con llegar a ser el número uno canario). En su negocio, ubicado en San Martín y Coronel, Espartaco habló con este Diario. “No tengo pelos en la lengua”, anticipó Mendoza.