¿Sabías que nuestras casas funcionan como el planeta Tierra? Sí, imagina que cuando preparamos los alimentos usamos varios electrodomésticos a la vez y, si de paso dejamos todas las luces encendidas, esto provocará que todo el ambiente se caliente... Es sofocante, ¿verdad? Así mismo, nuestro planeta se está recalentando. Pero no por luces o cocinas…, sino por el dióxido de carbono, el metano y otros gases de efecto invernadero que se quedan atrapados en la atmósfera, provocando graves daños a los ecosistemas.

Entonces, en un mundo cada vez más consciente del impacto que nuestras acciones tienen en el planeta, la palabra descarbonización ha comenzado a sonar con fuerza en las agendas de Gobiernos, empresas y ciudadanos en general. Pero ¿qué significa exactamente este término y por qué deberíamos preocuparnos por él?

Para entenderlo, tenemos que hacer un viaje al pasado, específicamente a la Revolución industrial. Laura Arias, directora de Sostenibilidad de Veolia para América Latina, explica que esta etapa marcó un cambio profundo en cómo producimos energía, con el uso masivo de combustibles fósiles, como el petróleo, el gas y el carbón. Gracias a ello, como sociedad alcanzamos avances tecnológicos, así como un crecimiento económico sin precedentes. Sin embargo, también dejamos una huella: la emisión de gases de efecto invernadero, principalmente el CO₂, que provocan el calentamiento global.

Este aumento de la temperatura, que superó el grado centígrado en 2025, no es solo una cifra. Es una alarma que nos advierte sobre los cambios climáticos extremos, las inundaciones, las sequías y la pérdida de biodiversidad. Como explica Arias, “ese 1 °C puede parecer poco, pero en realidad es un impacto enorme en los ecosistemas y en nuestra forma de vivir”.

¡Ah, pero no todo está perdido! La respuesta está en la descarbonización, un conjunto de acciones que buscan reducir la cantidad de gases de efecto invernadero que liberamos a la atmósfera. Es una especie de “limpieza” global que apunta a frenar el calentamiento y estabilizar el clima. La especialista apunta que la meta final, si la tecnología y la innovación lo permiten, es incluso eliminar esas emisiones en el futuro cercano mediante captura y almacenamiento de carbono.

Arias enfatiza que la clave está en cambiar la matriz energética, dejando atrás los combustibles fósiles y apostando por fuentes renovables, como el sol, el viento y la biomasa. También implica reutilizar y reciclar, disminuir nuestro consumo energético diario y aprovechar recursos locales.

Un panorama desafiante, pero prometedor

En nuestro país, el panorama es prometedor, pero a la vez desafiante, explica la directora de Sostenibilidad de Veolia. El Ecuador está destinando recursos para la mejora de sus servicios de saneamiento, de gestión de residuos, así como en la ampliación de la utilización de energías limpias. Sin embargo, aún hay un camino por recorrer para que estas acciones sean más eficientes y sostenibles, promoviendo políticas públicas que incentiven la economía circular y reduzcan la huella de carbono en todos los niveles.

Desde el enfoque de Veolia, la descarbonización no solo es una obligación ambiental, sino también una oportunidad económica. Empresas que reducen su consumo de combustibles fósiles ahorran costos y ganan en competitividad. Además, que apostar por productos sostenibles y procesos ecológicos aumenta su valor en el mercado y mejora su reputación ante consumidores cada vez más conscientes, sostiene Arias.

Pero no todo es fácil. La delegada expone que uno de los mayores desafíos es el riesgo legislativo y la necesidad de que las empresas y los países se preparen para un futuro en el que las regulaciones serán más estrictas. La innovación, como el uso de biomasa, biogás y tecnologías de recuperación de residuos, será fundamental para seguir avanzando.

¿Y qué dicen los datos globales?

Según el Barómetro de la Transformación Ecológica - Edición de 2024 de Veolia, los países que invierten en políticas de descarbonización muestran avances significativos, pero aún hay mucho por hacer. Arias indica que la participación activa de las sociedades y la voluntad de los consumidores, especialmente las generaciones jóvenes, también juegan un papel importante.

Según la especialista, la tendencia señala que cada vez más personas están dispuestas a pagar más por productos sostenibles y a exigir políticas que protejan el clima. En definitiva, la descarbonización no solo es una estrategia técnica o empresarial, sino un compromiso moral con las futuras generaciones. Como afirma Arias, “todos tenemos un papel: los Gobiernos, las empresas y cada uno de nosotros. Solo así podremos construir un mundo más saludable, justo y sostenible”.

Veolia en Ecuador

En su rol de socio estratégico, Veolia apoya a sus clientes no solo a alcanzar sus metas de descarbonización, sino también a mejorar su rentabilidad y eficiencia operativa, promoviendo el uso de energías verdes para reducir las emisiones directas en las industrias, además de gestionar residuos de manera eficiente y desarrollar estrategias personalizadas.

En su oferta de soluciones, abarca toda la cadena de valor de la descarbonización, desde la identificación de estrategias iniciales hasta su implementación y operación continua. Veolia tiene ejes estratégicos: eficiencia energética en edificios, distritos térmicos, descarbonización en la cadena de valor (food & beers) y reducción de la huella de carbono en la salud.