Mi primera columna para Diario EL UNIVERSO fue publicada en enero 2020, hace seis años. En esta remarcaba que el ingreso per cápita del Ecuador que venía cayendo, y se proyectaba que volvería a caer en 2020. Esto fue antes de que se conociese de la pandemia de COVID, que llevó a un colapso económico. El ingreso real per cápita, que había alcanzado $6.104 en 2017 (en dólares de 2015), cayó a $ 5.355 (el mismo nivel ya alcanzado en 2011). Para 2024 se había recuperado a $ 5.999. En 2025 se estima que habrá crecido un poco (quizás volviendo a alcanzar el nivel de 2017).

Como comenté en mi columna sobre la Constitución, la economía ecuatoriana ha crecido mucho menos (en términos reales y per cápita) que las de los países vecinos, Colombia y Perú, desde que la Constitución fue aprobada en 2008. Esto lo atribuí principalmente a que el marco constitucional y jurídico desincentiva la inversión privada (extranjera y nacional).

Ahora es igualmente difícil vislumbrar el futuro de la economía mundial y ecuatoriana. A nivel global, la fuente principal de la incertidumbre es la volatilidad de las políticas económicas de Trump, y en particular los constantes cambios a los niveles de aranceles a las importaciones. Esto ha detenido en parte la inversión, e incluso ha llevado a una caída del empleo en la manufactura en EE. UU. (67.000 empleos se han perdido desde abril, el supuesto “día de la liberación”, cuando Trump comenzó a imponer aranceles). El Índice de Incertidumbre de la Política Económica Global llegó a su nivel máximo histórico en abril, y desde entonces se ha mantenido relativamente alto.

Economistas como Paul Krugman y Justin Wolfers han comentado que el problema de los aranceles no radica únicamente en que son mucho más altos que los anteriores a Trump, sino que las empresas no tienen certidumbre sobre sus fluctuaciones (dado que Trump ha quitado al Congreso la potestad de determinar los aranceles, y los va modificando conforme a cómo se siente o qué ha ocurrido en el mundo en ese día). Por ejemplo, Trump dijo que subiría los aranceles a Brasil porque el sistema judicial condenó al expresidente Bolsonaro por intentar dar un golpe de Estado para quedarse en el poder; y que subiría los aranceles a Canadá porque una de sus provincias (ni siquiera el gobierno federal) pasó una propaganda en la que el expresidente de EE.UU., Ronald Reagan, criticaba duramente a los aranceles.

En este ambiente, muchas inversiones se han paralizado. Otros factores, como el arresto y deportación de altos ejecutivos de la empresa Hyundai en el estado de Georgia, y las severas restricciones a la inmigración legal (por ejemplo, a las visas H-1B), han llevado a muchas empresas internacionales a posponer sus planes de inversión en EE. UU.

Algunos analistas predijimos que habría una recesión en EE.UU. como consecuencia de los aranceles y la deportación de trabajadores indocumentados; hasta la fecha, no ha ocurrido, aunque el mercado laboral muestra signos de debilidad. La tasa de desempleo ha aumentado de 4,2 % bajo Biden a 4,6 % en noviembre de 2025, mientras que el número de desempleados ha aumentado en casi un millón entre diciembre 2024 (último mes de Biden) y noviembre 2025.

A esto se suma que hay fuertes indicios de una burbuja especulativa en las acciones de empresas ligadas a la IA. El inversionista Michael Burry, quien anticipó correctamente la “Gran Recesión” de 2008 (e hizo una fortuna), ahora indica que en su opinión empresas como Nvidia, Palantir y OpenAI caerán abruptamente de precio (lo cual llevaría a un colapso del mercado de valores de EE.UU.).No es solo su opinión, que la comparte libremente en su Substack, sino que también ha apostado $10 millones en “short” (vender en corto, anticipando la baja) de las acciones de estas empresas.

De estallar una crisis bursátil y una recesión económica en EE. UU., esto tendría un efecto adverso sobre la economía mundial y la ecuatoriana. Probablemente bajarían los precios del petróleo y otros productos básicos; esto podría generar igualmente una recesión y mayor desempleo en el Ecuador. El país también enfrenta el flagelo de la inseguridad; la tasa de homicidios ha franqueado el nivel de 50 por 100.000 habitantes en 2025, lo cual lo colocaría en cuarto lugar a nivel mundial.

A ello se suma el persistente déficit de electricidad, problema que se podría resolver permitiendo mayor inversión privada en la generación renovable (eólica y solar).

Políticamente, como comenté brevemente hace unos días, parece haber una tendencia pendular hacia la derecha en Sudamérica, pero habrá que ver si se mantiene en las elecciones de este año en Brasil, Colombia, Costa Rica y Perú. Al momento, al menos, los partidos de izquierda van adelante en las encuestas en Brasil y Colombia, mientras que la derecha va adelante en Costa Rica y Perú. Si se mantiene la tendencia hacia la derecha, podría beneficiar al gobierno de Ecuador. (O)