“Make America Great Again” ha sido el eslogan de campaña del presidente Donald J. Trump, quien la semana pasada inició su segundo mandato al frente de la nación más poderosa del mundo.

En esta columna comentamos sobre el triunfo arrollador del empresario Trump, contra todas las capacidades económicas, políticas, judiciales y comunicacionales de los grandes medios, ONG y clase política norteamericana, que se aferraban a un establishment progresista en favor de la migración ilegal, la perversa identidad de género, y que cada vez arrinconaba más a las familias tradicionales norteamericanas.

El nuevo Destino Manifiesto de Trump

Lo cierto es que, tal como lo ofreció en campaña (porque a Trump se le puede acusar de cualquier cosa, menos de no decir lo que va a hacer), ha comenzado su gobierno cumpliendo su palabra, tomando medidas tales como cortar fondos públicos destinados a promover y proteger a minorías, despidos masivos en oficinas que participaron activamente en la persecución judicial en su contra, y sobre todo, medidas agresivas de combate a la migración legal y deportaciones masivas (que hace mucho ruido en Latinoamérica).

Ha sido muy claro al decir públicamente que EE. UU. no necesita de América Latina, ha reingresado a Cuba a la lista de países que patrocinan el terrorismo y ha iniciado la deportación de mexicanos y colombianos, por lo pronto, de modo que el resto de países de la región debemos prepararnos para lo que ello representará, en todo sentido.

La llegada de Trump al poder ha generado que muchas empresas eliminen políticas de identidad de género en sus estructuras, y hasta ha coincidido con el tan ansiado cese al fuego entre Israel y Hamas en Gaza.

Políticas migratorias de Trump

Y para los incrédulos, esta semana la administración Donald Trump demostró que no está jugando cuando se trata de defender los intereses de su nación; me refiero al impase diplomático con Colombia, que se negó a recibir a sus ciudadanos deportados desde EE. UU., a lo cual siguió una ofensiva inédita de sanciones comerciales, cierre de la oficina de visas en Bogotá y la amenaza de medidas más drásticas si Colombia no se retractaba. En solo unas pocas horas, Colombia dio marcha atrás, lo que significó el primer triunfo internacional de Marco Rubio, y a la vez, un poderoso mensaje al mundo: EE. UU. va a usar todo su poder para defender sus intereses.

Esta reciente medida puede ser analizada desde diferentes aristas, y cada quien tiene derecho a hacerlo desde su propia perspectiva; sin embargo, la opinión de esta columna es que, si yo fuese ciudadano norteamericano y hubiere votado por Donald J. Trump para que defienda los intereses de mi nación y retome el rol protagónico que hace muchos años perdió, estaría muy de acuerdo con las primeras ejecutorias de su segundo mandato. Y creo que la gran mayoría de norteamericanos que le dieron su confianza para que asuma el control de los Estados Unidos de América deben estar pensando lo mismo.

Ojalá este retorno al orden, al respeto de los valores familiares y a la cordura contagie a otras naciones, y por qué no decirlo, a la nuestra también. (O)