Después de los resultados de la contienda electoral del 9 de febrero, nos encontramos en una gran encrucijada debido al empate técnico de los dos finalistas que buscan llegar a Carondelet, que son de tendencias políticas totalmente opuestas y que marcarán nuestro destino el próximo 13 de abril. Pero ese destino depende de la elección que haremos, dado que los votantes somos quienes podremos inclinar la balanza en uno u otro sentido.
Elección en modo Uber o Airbnb
Y es aquí donde reside la incógnita. Aquellos que ya expresaron su voluntad en la primera vuelta, por el uno y por el otro, no van a variar su votación, de modo que los finalistas van a disputarse los votos de los catorce que no ganaron (5,26 % de Leonidas Iza, 2,7 % de Andrea González y menos del 1 % de los doce restantes), los blancos y los nulos. Es posible que la posición de estos dos últimos se mantenga (2,12 % y 6,77 %, respectivamente), así como la de quienes se abstuvieron de ejercer su derecho al sufragio (3’195.291 personas), que no expresaron su simpatía por ninguno. Esos votos son los que van a inclinar la balanza en uno u otro sentido. Entre ellos, muchos protestan porque, a sabiendas de que el candidato que estaba entre los catorce no tenía ninguna posibilidad de llegar a la meta, votaron por él; otros, fueron de los parientes, allegados y conocidos de los pretendientes, o porque creyeron en el tren bala o en cualquier otra fantasía. El medio millón de votos de los indígenas (5,26 %) está definitivamente en el otro lado de la balanza, porque su líder ha descartado a Noboa como opción.
Difícil la situación que enfrenta el Ecuador, como difíciles de resolver son los problemas casi seculares que nos agobian, hoy agravados por el narcotráfico con sus espectros y contaminación en la política y en el campo judicial. Vivimos un estado de debilidad e inseguridad extrema como nunca lo habíamos sufrido. Los índices de pobreza y pobreza extrema, de violencia, inseguridad ciudadana, sanitaria y alimentaria han aumentado. El tema de la migración es también muy grave. Si las amenazas de deportación del presidente Trump se cumplen de modo masivo e inmediato, estamos expuestos a que se incrementen nuestros índices de pauperización por la caída de las remesas de los migrantes que, vergonzosamente, son nuestro segundo rubro de ingresos, después del petróleo, y porque aquellos vendrán al país a engrosar la ya abultada masa de desempleados que, lamentablemente, tenemos.
Lo que sí está claro es que solo hay dos modelos entre los cuales escoger. Las tendencias ideológicas de los dos aspirantes son muy definidas, de modo que nuestra responsabilidad, al momento de depositar el voto, es extrema. Por consiguiente, la reflexión sobre lo que queremos para nosotros, nuestros hijos y el país, vistos los antecedentes y propuestas de los postulantes, solo tiene dos caminos, muy distintos el uno del otro, y sin vuelta atrás. O es del centro a la derecha o es del centro a la izquierda. Examinemos cómo se reflejan estas posiciones en el mapa mundial. Veamos la situación en que se encuentran aquellos países donde predomina el gobierno de derecha o el de izquierda.
De nuestra decisión depende nuestro futuro y el del país, pero ¿cuál será? ¡Solo Dios sabe! (O)