Imagine que usted, para que le quieran más, decide dar grandes gustos a sus familiares. Y hace lo “obvio”: se endeuda, gira la tarjeta de crédito, saca ahorros de jubilación, pide adelanto de la herencia, da trabajo –aunque poco productivos– a sus cercanos y más. Gasta en cosas útiles y malgasta mucho, pero igual es festejado airadamente. ¡Qué tipo maravilloso!… Hasta que llega el chuchaqui, hay que pagar cuentas y reconocer que solo se generaron cortas alegrías, y luego a vivir un largo rato en peores condiciones que antes de la fiesta.

No podemos olvidar que eso nos sucedió durante diez años, no para volver sobre el pasado, sino porque mirando hacia adelante hay que progresar pero de manera sana y sostenible, quizás con menos diversión. Y podemos caer en esa misma grave tentación, cuando oigo decir a la candidata Luisa González que Rafael Correa será su gran asesor ya que ha demostrado ser exitoso.

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¿Qué recordar para evitarlo? Todo lo que se hizo “para raspar la olla” y mantener el espejismo (no menciono la corrupción que evidentemente está detrás):

1) Desde el inicio se tomaron los más de 3.000 millones acumulados en fondos para enfrentar épocas de vacas flacas.

2) Se dispuso alegremente del dinero que cayó del cielo de la petrolera Oxy, una ganancia de más de mil millones anuales (lo que se pagó luego de indemnización fue solo una pequeña parte).

3) Se gastó todo el alto precio del petróleo, que tuvo un promedio de casi $ 80 por barril en los 10 años, pero casi $ 90 solo de 2007 a 2014 (desde 2018 estamos en $ 60).

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4) Se tomó de las reservas internacionales miles de millones, una parte sustancial de los cuales eran depósitos de seguridad del sistema financiero, es decir, dinero nuestro.

5) La deuda externa del Gobierno aumentó en más de $ 20.000 millones.

6) Con mala fe, en 2009 se dijo a acreedores de deuda que se les pagaría el 30 % del total y, si no les gustaba, “que les vaya bonito”. Eso nos costó tener que ir a preventas petroleras con China: caras, de corto plazo, con enormes garantías.

7) Obviamente se hicieron cosas útiles; lo contrario sería el colmo en un total de $300.000 millones gastados en esos diez años, pero tanto malgasto: la Central Coca Coda tan amenazada, la Refinería de Esmeraldas, la del Aromo donde se aplanó un terreno que luego sirvió para extrañas avionetas, la ruta Collas, el aeropuerto en Quito, las esferas de Monteverde, el aeropuerto de Santa Rosa donde hay vuelos solo cada dos días, Yachay, cuánta edificación excesiva y tanto más.

8) Se decidió que no era necesario aportar el 40 % de las pensiones “porque el IESS tenía suficiente en caja” (la ignorancia de no saber que el problema de las jubilaciones no es cuánto hay en caja, sino cuánto alcanzará para los jubilados en el futuro), y eso se gastó en otras acciones políticamente más atractivas.

9) Los diversos acuerdos con el Gobierno de Chávez, que tanto costaron pero nada se concretó, incluyendo los negocios por el famoso Sucre.

10) Se frenaron los acuerdos comerciales con el mundo, aunque al menos “con las justas” se firmó el de Europa.

11) Ni se diga tanto daño institucional, tanto abuso y odio generado.

... y seguro hay más que recordar. ¿Poco? Demasiado para construir un futuro sano. (O)