Ya quedaron atrás referentes bíblicos, históricos o literarios. Ahora entra en pleno al escenario político nacional Pokémon, aquel personaje de la tecnología y los videojuegos que el presidente Daniel Noboa ha citado para cuestionar el accionar de a quien identifica entre sus mayores opositores, María Paula Romo.
Y aunque para muchos, los mayores principalmente, esto pueda parecer un chiste, una mofa, yo lo veo como un giro calculado y meditado en el entorno comunicativo del presidente millennial, que sale así a defender su aún breve accionar y el futuro de su consulta popular, en la que el voto joven será fundamental, al constituir la mayoría de los casi 13 millones que están habilitados para sufragar.
Los millennials y centennials entendieron perfecta e inmediatamente la figura, el mensaje que envió Noboa convirtiendo una “virtud” de Pokémon, con sus diferentes poderes y su capacidad de transformarse, en una crítica negativa para quien tiene una trayectoria política de más de dos décadas, en las cuales, a decir del mandatario, ha pasado de la izquierda correísta a la extrema derecha, sin tener que hacer mayores explicaciones, que oscurezcan su mensaje, para que las nuevas generaciones lo entiendan en el primer intento. A la aludida y sus allegados no les quedó más que montarse en la misma ola y tratar de dulcificar la crítica y responder con otras figuras de la misma especie digital.
La política de esta tercera década del tercer milenio gira sus mensajes en forma, mas no en fondo. De lo retórico intelectual de los balcones velasquistas a la referencia codificada hecha por Noboa al criollizar a Pokémon, pasando por las “carajeadas” y “puñetizas” públicas de los 80 y 90, con los bailes y desafinadas interpretaciones de éxitos musicales de la etapa de transición de los siglos XX y XXI.
El manual inacabado de la nueva comunicación digital y tecnológica vería con buenos ojos lo hecho por Noboa, por su conexión inmediata con su objetivo y la simpleza del mensaje, que deriva en efectividad. Y si a eso, como se ve, se suman estrategias en redes sociales como TikTok, de alcance hipermasivo entre los jóvenes, se nota que alguien está enfocando la comunicación gubernamental hacia ese camino, con mucho más que solo improvisación, o coincidencias, aunque tengan esa apariencia.
Ya desde la campaña misma se notó claramente tal intención, cuando el sembrar de figuras de cartón con una imagen desenfadada, informal, del ahora presidente, se convirtió en una forma de banalizar la política, para los mayores, pero a la vez una empática manera de conectar con el electorado joven, que al final fue el decisivo. Múltiples análisis resaltan el aporte que aquella figura de cartón dio al candidato en el momento final.
Tanto como en lo empresarial, académico y familiar, acudimos ahora mismo al giro tecnológico de la comunicación política, que irá dejando de lado la presencialidad y cada vez más enfocará hacia lo efectivo que resultan las redes sociales y hasta los videojuegos.
Lo que no ha cambiado en el proceso es que no basta con llegar, sino mantenerse en el éxito, procurando que el mensaje efectivo y empático no sea un mensaje vacío. (O)