El Gobierno iraní ha anunciado el nombramiento de Mojtaba Khamenei, hijo del recientemente asesinado líder supremo, como su sucesor. La designación la han hecho a pesar de la advertencia que hiciera el presidente Trump de que ese nombre era “inaceptable”. De las alternativas que tiene el Gobierno de Irán frente a su situación al parecer ha escogido la de enfrentar el ataque de los Estados Unidos e Israel. La idea de que esta sería una operación sencilla, corta y fulminante, y que, una vez que fueron asesinados muchos de los líderes del Gobierno, los iraníes se tomarían el Gobierno o que los militares de esa nación se rendirían fácilmente, ha comenzado a desvanecerse. Los féretros de los soldados estadounidenses han comenzado a llegar a Washington, el precio del petróleo ya tocó los $ 120, las bolsas de valores comenzaron a caer, las naciones del Golfo están prácticamente secuestradas por los drones iraníes, crece el temor de una ola de ataques terroristas en el mundo, el estrecho de Ormuz esta cada día más estrecho y el conflicto bélico ha comenzado a escalar con el involucramiento de Ucrania. La fórmula venezolana simplemente no le ha funcionado esta vez a la Casa Blanca. No hay, en otras palabras, una Delcy Rodríguez en Teherán, dispuesta a traicionar a los ayatolás y mantener a flote un Gobierno vasallo de Washington, y que, a la vez, le permita a la industria petrolera de Estados Unidos la toma de Venezuela. (“Tengo que estar involucrado en el nombramiento [del próximo líder iraní], como con Delcy…”, señaló Trump hace poco). Aun si el nuevo líder supremo de Irán fuese asesinado mañana, no es claro que Washington tenga el poder de designar a su sucesor.

Ahora comienza a hablarse de una guerra que podría prolongarse por algunos meses, y el secretario de Guerra de Estados Unidos ha advertido que probablemente habrá más bajas estadounidenses. Tal como se ha señalado, esta es una de aquellas guerras por elección, no por necesidad. Las justificaciones para el ataque a Irán han ido cambiando a medida que dejan de convencer. Los Estados Unidos tenían, en efecto, a su disposición otras opciones que excluían el uso de la fuerza, en particular luego de haber destruido la infraestructura nuclear de Irán en mayo del año pasado. Pero no, Washington optó por una fórmula militar sin tener, de paso, una estrategia bien definida. Guerras de necesidad son guerras existenciales. O el ingreso de los Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial luego de Pearl Harbor. Una de las tragedias más comunes de las guerras de elección es que pocas veces quienes las inician saben calcular y menos controlar sus efectos colaterales. La decisión de Putin de invadir Ucrania –una típica guerra por elección– ha llevado a su nación al borde del descalabro económico y militar, algo que jamás Putin previó.

El Medio Oriente no será el mismo al terminar la presente guerra, sin duda. Pero lo más probable es que no sea el mismo Medio Oriente que alguna vez hayan tenido en mente Netanyahu o Trump. En todo caso, son ellos quienes decidieron iniciar esta guerra; son ellos quienes deberán no solo darla por terminada, sino asumir las consecuencias, tanto internas como internacionales, de esta decisión. Sí, es posible que la apuesta salga a su favor. Pero hoy en día ello parece muy lejano. (O)