El Ecuador vive hoy una nueva escalada de la violencia. El drama de las muertes, los sicariatos, las bandas, las luchas territoriales, las vacunas, las extorsiones y secuestros, se va volviendo una trama usual, que deja ya de causar sorpresa, pero sí enorme angustia en el espíritu nacional.
No hay duda de que en Ecuador la penetración de los carteles de México, hoy dominantes en el negocio mundial de la droga, y principales proveedores del mercado de los Estados Unidos, ha sido el factor fundamental de la multiplicación de bandas y pandillas, al servicio de estas transnacionales del crimen organizado.
En México han logrado captar una enorme cuota de poder político. Se sabe que controlan gobiernos seccionales y provinciales. Secuestran a candidatos que no son de su agrado, financian con millones las campañas de sus propios candidatos, y, de esta forma, se establece una clara narco-política, que poco a poco se ha ido tomando los estamentos de la sociedad de ese maravilloso país.
El socialismo del siglo XXI ha sido por décadas declarado amigo, socio, facilitador y hasta promotor del narcotráfico, y gran padrino de estas mafias. Petro fue él mismo guerrillero, y la guerrilla en Colombia estuvo siempre vinculada al narcotráfico. En su gestión aumentaron en forma impresionante los cultivos de coca. Chávez, y luego Maduro han sido protectores de la guerrilla y del narcotráfico, han dado espacio geográfico a los movimientos subversivos para que desde Venezuela contaminen a la región, y han protegido los vínculos de esos movimientos con los carteles de la droga. En nuestro país no solo se eliminó la colaboración de la base de Manta, sino que se abrió la frontera a cualquiera, y crecieron entonces las migraciones desde Albania, desde Rusia y desde otros lugares donde hay carteles asociados al narcotráfico.
En nuestro país ha sido vital para esta tragedia la complicidad de una buena parte del sistema judicial, operado como ya se sabe por políticos. Siempre se ha dicho que sin un sistema judicial libre de presiones, profesional, e íntegro, no saldremos de este gravísimo embrollo en el cual la sociedad está metida.
Andrés Manuel López Obrador (AMLO), al salir, le clava un puñal mortal a su patria, el cual herirá también a todos los países donde los tentáculos de los carteles mexicanos han llegado.
Ha logrado la reforma mediante la cual los jueces serán ahora nombrados por votación popular. Los carteles están de fiesta. Ellos financiarán a los jueces que les interese, amedrentarán a los jueces que sean correctos, o a los candidatos correctos, para que no se presenten, o para que se retiren, de tal suerte que los candidatos vinculados al narco ocupen los juzgados y proteger así los intereses de los carteles. Este el es último golpe maestro de AMLO, para fortalecer a los socios del socialismo del siglo XXI, y lograr que nuestras sociedades se vayan destruyendo internamente y lleguen al caos, sueño permanente del marxismo y de sus adláteres.
AMLO es siniestro y este golpe a la judicatura de México trasciende las fronteras de ese país, y salpicará muy malamente al Ecuador. (O)