¿Saben?, creo que esta columna es una de las que más he esperado para escribir, ver que se ha hecho justicia, aunque sea en otro país, pero se hizo justicia. No digo que me satisface ver a una persona pagando una condena, ni que se aviva en mí el derecho penal vengativo, pero creo que sentir que alguien que nos vio la cara a todo un país, tuvo el descaro de sacar la nota perfecta para ser nombrado contralor de la nación, que el simpatiquísimo Carlos Pólit enfrentó y perdió frente a una justicia que ya no pudo manejar, recibió una sentencia que ya no pudo negociar, que le van a quitar los bienes que no pudo justificar, hace que las personas que nos levantamos dignamente a sacar a nuestras familias adelante no sintamos la tentación de unirnos a la banda de “vivos” que utilizan la política para su servicio y no para servir.

Qué difícil debe ser para un condenado por corrupción cambiar sus ternos finos, sus zapatos caros, su cabello perfectamente peinado por un traje beige, unas zapatillas de tela, unos grilletes y una cara de vencido; qué difícil debe ser ver a los ojos a sus hijos, a sus nietos, a aquellos que lo admiraban, sus esbirros que lo aplaudían, tan atemorizados de ver a su patrón caer. Y es ahí cuando digo que es verdad la frase que mi padre siempre me ha dicho: “Prefiero dormir con hambre que dormir con miedo”.

Esta bocanada de justicia también es un punto de quiebre y un sacudón a todos los que formamos parte de este país, cuánto toleramos, cuánto nos callamos, cuánto nos aletargamos durante el ejercicio de ese poder, que no nos dimos cuenta de que nos metieron por la ventana dos contralores que ni siquiera participaron para serlo, hoy vemos cómo ese adormecimiento nos pasó factura, entidades que se “desinstitucionalizaron”, porque se metieron por la ventana mequetrefes que hoy andan escondidos, siendo su nombre sinónimo de cinismo, no solo fue la Contraloría, también fueron víctimas la Defensoría Pública, el Consejo de la Judicatura, entre otros, que pasaron como un huracán destruyendo las instituciones.

Hoy debemos ser consientes de que apartados de la política partidista por fin existe legitimidad, hoy contamos con un contralor que está haciendo una nueva contraloría, poniendo en orden la casa y construyendo el brillo de lo que debe de ser la honestidad y el manejo de los recursos públicos, debemos respaldarlo y defender su accionar.

Hoy el defensor público está en la titánica labor de reposicionar y levantar una de las instituciones más importantes del sector justicia, reconstruyendo lo que una administración incompetente e ilegítima destruyó, trabajando bajo la premisa de la transparencia, la justicia restaurativa y la búsqueda de la justicia honesta, poniendo la institución su granito de arena para cambiarle la cara a una justicia desmoralizada y criticada.

Hoy, querido lector, tenemos un panorama donde la meritocracia y el conocimiento empiezan a tomar protagonismo, dejándonos una seguridad de que en un futuro no tendremos otra autoridad vestida de naranja o beige. (O)