Cuán saludable resulta abandonar la cotidianidad del comentario referido a la muy cuestionada política partidista, la inseguridad ciudadana que estremece, los apagones y sus consecuencias y de la misma jeringa con distinto bitoque, para afirmar que la esperanza no desaparece ni tampoco el optimismo respecto del presente y del futuro. Que fechas tan trascendentales como la recordación del nacimiento de Jesús y la finalización y comienzo de un nuevo año permiten reconocer que no todo está perdido ni todo es fallido y, por consiguiente, es necesario plantearse nuevos y mejores propósitos en beneficio del país y el bienestar de los ecuatorianos, en aras de verlos realizados en los nuevos 365 días, que arrancan este miércoles, 1 de enero.
Mis augurios apuntan a que este medio de comunicación se renueve cada día, las noticias se entreguen con exactitud y oportunidad y la opinión de sus colaboradores siga, como hasta ahora, siendo libre y no censurada de ninguna manera. Y para los lectores, sin diferencias, que el nuevo año sea de metas logradas y que, como todos los ecuatorianos, mantengan inquebrantable la fe en el país que tenemos.
El Ecuador merece cambiar en todos los órdenes, pero ello no será el resultado del azar, de una vara mágica o de un milagro, sino por la firme convicción de que, gracias principalmente al concurso de la población, más la determinación de sus autoridades de actuar con honestidad, patriótica y acertadamente, es posible conseguirlo. No es verdad, no está escrito ni resuelto que este sea un país condenado al fracaso por los malos gobiernos, si es que eso por allí se rumora, la obligación es descartarlo. Este es un territorio que reúne las mejores condiciones para desarrollarse y progresar magistralmente. A poco de celebrarse elecciones presidenciales y legislativas, en febrero próximo, los ecuatorianos, responsable y moralmente, tienen la obligación de elegir correctamente y quienes hayan recibido la confianza ciudadana deben reciprocarla con absoluta honradez material e intelectual. ¿Eso es posible? Claro que sí.
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Cerremos el año y comencemos uno nuevo sin pesimismo ni negativismo. Salvo Dios, nada es eterno; por qué, entonces, tendría que ser lo contrario con los males del Ecuador. Cambiar para bien siempre es acertado y debe hacerse con urgencia. Copiando y repitiendo recetas equivocadas del totalitarismo, división de clases, aferramiento al poder, condena al emprendimiento privado, estatización, pacto con el crimen organizado, etcétera, no es el camino. Ser optimistas, tener certezas de realizaciones concretas y transformación positiva viene bien y oportuno.
Preguntas abiertas: ¿Está de acuerdo con el aumento del salario básico unificado para el 2025? (O)
Guardemos, por supuesto, la esperanza cierta de que el nuevo gobierno entenderá que el bienestar de los ecuatorianos en mucho dependerá de su buena gestión. ¡Felices pascuas navideñas y feliz 2025! (O)
Jorge A. Gallardo Moscoso, comunicador social, Guayaquil