Es impresionante el impacto que tiene en nosotros crecer en un entorno sano donde inmediatamente nuestra crianza, ideas y perspectiva de vida se desarrollan de manera adecuada.
En la actualidad necesitamos urgentemente lograr enfatizar la necesidad de brindar entornos sanos y positivos para los niños. Es de vital importancia contribuir fuertemente en la formación de las futuras generaciones libres del peso de infancias marcadas por experiencias traumáticas, de una niñez dolorosa, cuyas vivencias los limitan a poder construir vidas emocionalmente seguras y significativas.
El aprendizaje y vivencias de nuestra infancia dictaminan gran parte de nuestras vidas como adultos, especialmente en la idea de quienes somos, pero el verdadero panorama que tienen muchos niños se basa en el constante abuso que llegan a arrastrar hasta su adultez.
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Además es necesario ser observadores ante los detalles en la vida y entorno de los menores de edad.
El abuso infantil se define como cualquier acción intencionalmente dañina llevada a cabo contra un menor de 18 años. Según la OMS, esta definición abarca todos los tipos y formas de malos tratos, tanto físicos como emocionales, que conduzcan a un daño real o potencial para la “salud, supervivencia, desarrollo o dignidad de un niño en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder”.
¿Qué se puede hacer para prevenirlo? Los padres de familia deben utilizar el diálogo como método de educación principal, porque no es válido ni aceptable tomar como ruta de solución la violencia. Además es necesario ser observadores ante los detalles en la vida y entorno de los menores de edad.
“Me vendieron por US$9 para casarme cuando tenía 12 años”
Como sociedad es totalmente indispensable conocer lo que nos afecta desde temprana edad, puesto que aquí es donde logramos enfatizar el impacto que genera en nuestra vida el entorno de crianza que nos rodea. (O)
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Dara Edith Chaguay Acosta, Guayaquil