Recientemente, Ecuador fue testigo de cómo la Asamblea Nacional aprobó una enmienda que reduce el número de votos necesarios para ratificar un texto vetado por el Ejecutivo. Este hecho, aunque confuso para muchos, inevitablemente provoca diversas reacciones en la ciudadanía. Es difícil no pensar que estas acciones están motivadas por un deseo de responder a las tensiones políticas y al veto del presidente a una reforma anterior, aprobada también por la Asamblea, que permitía a un funcionario público (como un vocal del Consejo de la Judicatura) con sentencia de prisión preventiva o arresto domiciliario acogerse a un régimen de licencia sin sueldo.

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Hoy, esas pretensiones se mezclan con la coyuntura política, llevando a los ecuatorianos a preguntarse: ¿qué tan acostumbrados pueden estar a la impunidad aquellos que nunca parecen responder a la justicia por sus actos?; ¿en qué escenario esto puede ser visto como algo positivo? Si el argumento se centra en la necesidad de quitar poder a la figura del presidente, ¿por qué ahora?, ¿por qué ahora resulta ser un problema?, ¿es un problema para los ecuatorianos o para ellos?

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Estas preguntas, que parecen responderse por sí solas, dejan ver que la nobleza no se gana con tan solo la ostentación de un cargo. La nobleza se trabaja y se reivindica con los actos que se llevan a cabo día tras día, especialmente para aquellos que representan la confianza de los ecuatorianos. Estos representantes no solo son individuos, sino la voz de miles que claman por justicia e igualdad, especialmente frente a quienes creen estar por encima de la ley en un país que ya ha tenido suficiente de medidas blandas.

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Gobierno y Asamblea caen en una espiral de ‘dimes y diretes’

El mensaje a las generaciones más jóvenes es claro: hoy no se sufre de olvido selectivo ni de alzhéimer prematuro. Cada acto político que pretenda quedar en la impunidad será recordado y valorado en las urnas. Independientemente de las afiliaciones partidarias, es lamentable que la clase política, que debe servir como oposición, enfoque sus esfuerzos en volcar la situación hacia un campo que busca, exclusivamente, las revanchas de un juego en el que solo ellos participan, solo ellos celebran y solo ellos se sustituyen.

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Es cierto que la realidad de lo que sucede detrás del escenario de la política nacional es difícil de conocer para quienes están del otro lado. Aun así, cualquier intento por parte de uno de estos actores para transparentarlo será un esfuerzo válido y recompensado, especialmente ante algo tan evidente como lo que hoy se puede calificar de enmienda con sabor a revancha. (O)

Fabián Alarcón Savinovich, Quito