Un vicio es una debilidad en el carácter de una persona que la conduce a cometer excesos. Creo que todo acto o acción cometida en exceso hace daño; en mi opinión, incluso rezar. Lo digo con respeto porque soy católico. Admiro a nuestro cardenal monseñor Luis Gerardo Cabrera, quien durante la pandemia del COVID-19 transmitía la misa todos los domingos por YouTube y otras redes sociales y la seguíamos con la misma devoción como si estuviéramos en la iglesia.

Seguros de salud: bienvenidos a la tercera edad

Por otra parte, considero un error clasificar a los vicios en mayores y menores, porque al final todos son iguales. Hay vicios llamados ‘menores’, como el alcoholismo o el tabaquismo, que aun de manera complaciente pueden producir la muerte. Ese cuento de que “fumar es un placer, genial, sensual” ya no aplica y ahora los anuncios de tabaco están prohibidos. Sin embargo, lamentablemente a muchos fumadores no les importa morir de enfisema pulmonar o de cáncer al pulmón, que son enfermedades muy dolorosas, peor en la tercera edad, que “la piedra se desmorona y el calicanto falsea”.

¿Por qué viven tanto?

Confieso que fui un fumador empedernido desde que estaba en el colegio. Creo que habré fumado por lo menos una cajetilla al día durante unos 40 años, más o menos. Debería estar muerto, pero lo primero que mata el vicio del cigarrillo es el temor y la vergüenza. Llegué a fumar impartiendo clases en una universidad y hasta en las ceremonias de incorporación de mis estudiantes, lo que ahora me parece inaudito. Mi casa apestaba a humo; incluso fumé hasta en mi dormitorio con las ventanas cerradas. Después del feriado bancario de marzo de 1999 me quería fumar hasta los dedos.

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Body Positivity: ¿aceptación o conformismo?

Pero todo lo mencionado cambió cuando comencé a disfrutar la vida gracias al nacimiento de mi primera nieta, y después nació la segunda. Por esos dos angelitos me propuse dejar de fumar y lo hice. Ahora tengo seis hermosos nietos que alegran mi vida, pero me preocupa que tengo un hermano y buenos amigos que siguen fumando.

Hace unos años me preguntaron durante una evaluación qué era lo mejor que había hecho en mi vida y casi sin pensarlo respondí: dejar de fumar. Me dijeron que sea relativo a mi profesión y volví a responder: dejar de fumar. Eso, queridos lectores, podría ser un buen regalo en esta Navidad. (O)

Carlos Luis Hernández Bravo, ingeniero civil, Samborondón