Se cumplen 204 años de aquella aurora gloriosa que anunció la libertad de Guayaquil del yugo español, trazando la ruta independentista que se selló en Pichincha el 24 de Mayo de 1822 de la mano de la división protectora de Quito pasando por Camino Real, Huachi, Tanizagua, Cone, entre otras épicas batallas. Y es que aquel acontecimiento del 9 de Octubre de 1820, de gran importancia histórica para nuestro actual Ecuador, no puede pasar desapercibido, así como los nombres de aquellos próceres encabezados por José Joaquín de Olmedo que la hicieron posible a partir de la reunión en casa de José de Villamil en la fiesta del 1 de octubre de 1820, a la que José de Antepara denominó la “Fragua de Vulcano” y que se convirtió en una verdadera revolución que estableció un régimen jurídico autónomo.

La masonería desde la independencia hasta la actualidad

En la actualidad las cadenas que someten a Guayaquil son otras como la inseguridad, la delincuencia, el desempleo, la falta de oportunidades, yugos que se muestran avasallantes y que a ratos parecen superar el ímpetu huancavilca. El mejor homenaje que podemos rendir en esta fecha a los próceres que nos legaron la libertad es no perder la esperanza de mejores días. La misma Guayaquil que se levantó de los incendios, de las epidemias y de los ataques piratas, se levantará de la adversidad con el esfuerzo de sus propios hijos para romper esas cadenas, iluminada por esa luz amable que raya en el oriente y bendecida por esa gracia celestial que nos ha sostenido siempre en la fe. (O)

Juan Segundo Martínez Loor, doctor en jurisprudencia, Guayaquil