Las declaraciones del presidente Daniel Noboa hechas al periodista Jon Lee Anderson, de la revista estadounidense The New Yorker, aunque hubieran sido solamente en tono coloquial y privado como lo asegura, han provocado reacciones enconosas por lo descorteses y ofensivas hacia algunos mandatarios de América Latina; además son deslices poco oportunos que, a mi juicio, solo revelan inmadurez e imprudencia, aunque fueran el contenido de una tertulia.

Publicación de The New Yorker aviva la pugna entre el presidente Daniel Noboa y la Asamblea Nacional

El desatinado evento, más allá de potenciar previstos resentimientos de los imputados, pone al país en la crítica mundial, incrementando la negativa imagen que ya tenemos por estar en el ranking de la delincuencia, corrupción y asesinatos. Parodiando este entuerto con un fragmento de la canción Huele a peligro (éxito de la cantante chilena Myriam Hernández), que transcribo: “Ese rato cuando hablamos los dos, esquivando miradas, que pensamos que la gente está ciega, que al fin la engañamos”, convengo en que este episodio “apesta a peligro” para nuestra vilipendiada patria.

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Si reparamos en que la postración económica y social provocada por el cruel endeudamiento de la década perdida y la avalancha narcodelincuencial permitida desde esa época, con insistentes propósitos de adoctrinamiento ideológico y empobrecedor del socialismo del siglo XXI, el reponernos de estos vergonzosos episodios no esperados en las relaciones geopolíticas estigmatizará y postergará nuestro crecimiento y desarrollo.

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‘Soy loco por querer servir a mi país, soy loco por impedir que continúe la corrupción en el Ecuador’, dice Daniel Noboa en ceremonia de inicio de obra de centro carcelario en Santa Elena

Bastante tiene el gobernante con el conflicto con su vicepresidenta. La salida de protocolo y de las normas de convivencia intergubernamental de nuestro presidente, que además denota la escasa asistencia de sus asesores, ya está dando paso a la búsqueda de causales de destitución por parte de sus naturales enemigos políticos, hoy confabulados en la Asamblea, quienes como aves de rapiña sobrevuelan a su presa para devorar sus restos, justificando su carroñera cultura política con el fin de retomar el poder que las urnas les negaron.

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El olor a peligro seguirá para el Ecuador mientras sigamos viendo con indiferencia que en nuestro nombre se sigan tomando decisiones equivocadas por no saber elegir a nuestros gobernantes con convicción y patriotismo, sin análisis, y solo seamos votantes emocionales. El riesgo, sin duda, será olor a muerte. (O)

Joffre E. Pástor Carrillo, educador, Guayaquil