Amor es una palabra mágica. Con amor podemos hacer todo lo que queremos. Podemos perdonar a los que nos ofenden; podemos crear una familia; podemos formar a nuestros hijos como seres de bien. Por amor se crearon los hombres en la faz de la tierra; por amor luchamos contra las adversidades, contra las calamidades y contra las maldades de los seres humanos, que lamentablemente existen. En fin, amor es una palabra única que hace del ser humano ser hijo de Dios, quien nos hizo a su imagen y semejanza.
Coronas, angelitos y panderetas en Navidad
Por otro lado, paciencia es el tiempo de espera. Solo con ella podemos entender las dificultades de los demás, sus dolores, sus reacciones y sus dificultades en la vida o en cualquier otro momento. Acaba de pasar la época del Adviento, el tiempo del nacimiento del Niño Jesús; este tiempo de espera es algo que la mayoría de seres humanos hemos compartido con la Virgen; este tiempo de espera trae felicidad en los seres humanos cuando nace un bebé. “Sí, nació bien y es un hermoso niño”, era la frase más esperada cuando estábamos pendientes de que se prenda la lucecita que anunciaba el nacimiento de un nuevo integrante. Entonces decíamos “Gracias, Dios mío” por darnos un nuevo hijo.
Humildad es en cambio aceptación de las cosas que se dan y en la forma que se dan. Por cuanto no siempre podemos cambiarlas de la forma que quisiéramos que fueran. Es de alguna manera la aceptación sin enojos, sin escenas que demuestren poca comprensión de cómo se dan las cosas. Es el ejemplo de María, la madre de Jesús, engendrado en su vientre para salvar a la humanidad del pecado.
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Estos tres conceptos que les menciono en esta carta conforman la Navidad.
Oremos por los vivos y también por los muertos, por cuanto en algún momento nos encontraremos con ellos.
Amén. (O)
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Sucre Calderón Calderón, abogado, Guayaquil