Mientras los laboratorios buscan la vacuna contra la COVID-19, comienzan a desarrollarse diversas teorías acerca de cómo convivir con la enfermedad sin perecer en el intento. Nada fácil, sin dudas. Algunos creen que la solución tardará aun a pesar de los mensajes optimistas desde Inglaterra y Suiza que hablan de descubrir la cura antes de finales de año. Estamos hablando de muchos meses por delante de este annus horribilis y queda ver qué hacer en el ínterin. La teoría de buscar que la gran mayoría de la población de un país contraiga el virus conocido como “contagio de rebaño” surge como una opción práctica, solo que no se sabe el impacto que tendría en países con infraestructura pobre, promiscuidad, hacinamiento y cultura de acercamiento y no de distanciamiento social. Si pudiéramos controlar el contagio y administrar el número de internados, el tiempo para contraer los anticuerpos sociales o colectivos es de aproximadamente 50 años en poblaciones de 10 millones de habitantes. Y eso ciertamente no resulta muy estimulante para muchos, y muy en especial a los que se encuentran en la franja etaria de riesgo. Es lo que queda si no se encuentra la vacuna antes de ese medio siglo que algunos epidemiólogos calculan.

Cambiar hábitos culturales no resulta tan fácil aunque alterar comportamientos sistémicos en nuestra organización social, política y económica son posibles en menos tiempos y forzados fundamentalmente por la realidad. Volveremos a ser una sociedad más austera con un Estado de iguales características. Esto no es poca cosa en un subcontinente con historias de voracidades y millonarios en la esfera pública. Era tan difícil esto que un presidente brasileño –Fernando Henrique Cardoso– pidió a sus colaboradores que por favor solo robaran de un dígito o sea menos de 10 %. No estaría mal también una dosis de realismo en los márgenes de ganancias esperados por el sector económico privado, acostumbrado a números por encima de la realidad de nuestros países. Si en EE. UU. creen que una empresa luego de pagar todos sus costos de producción puede a final del año acumular un 10 % de ganancia y ser calificada por eso de exitosa, entre nosotros los márgenes esperados son solo comparables a los niveles de negocios ilícitos como los de la trata de blancas, el narcotráfico o la venta de armas. Vamos a tener que sincerarnos todos, y eso lo haremos incluso en contra de nuestras costumbres y dogmas. La realidad nos alineará en los números que se pueden pagar y lo que se puede cobrar. Los astronómicos salarios de deportistas y estrellas del espectáculo en general deberán tener un nivel de razonabilidad que los haga bajar de la estratrosfera en la que se encontraban.

Los lugares públicos y masivos se volverán hostiles de frecuentar de momento y el relacionamiento social vivirá un profundo cambio en este periodo de convivencia con el virus.

Seremos más realistas, austeros y admiradores de quienes guardan una relación cierta entre lo que dicen, hacen y viven. Seremos más intolerantes a los cínicos, mentirosos y volveremos a ser más locales antes que globales, donde alguna vez nos prometieron el paraíso. Desconfiaremos del comercio con los chinos y es posible que este virus originado en Wuhan no solo les haya llevado a prohibir comer perros, gatos y animales exóticos sino por sobre todo a entender que vivir en el mundo implica comportamientos predecibles, sinceros y globales. No se puede querer convertir al mundo en un gran zoco de productos baratos sin asumir los altos costos de vivir con estándares que deben ser compartidos y asumidos.

El rebaño buscará refugio en una cercanía siempre sospechosa hasta que se encuentre la bendita vacuna cuyo inventor ni por asomo demandará cobrar por la patente. (O)