Un extraño crujir de dientes bajo la cama atrajo mi atención, yo tenía tal vez siete años, la curiosidad me hizo bajar la cabeza cuidadosamente y pude observar cómo el gato de la familia engullía a una lagartija desde la cola, dejando la cabeza para lo último; me impresionó ver al pobre reptil aún vivo sin ninguna capacidad de lucha, sufriendo lo inevitable.

Más tarde aprendí que, efectivamente, los gatos domésticos son predadores que los humanos hemos introducido por todos lados y que están considerados entre las cien peores especies invasivas no nativas del mundo.

Un estudio publicado en la revista científica Nature Communications, de reconocido prestigio, reportó que los gatos domésticos que viven libres sin un propietario matan entre 1,3 y 4 billones de aves y de 6,2 a 2,23 billones de mamíferos anualmente en los Estados Unidos. El estudio resalta que los gatos sin propietario causan grandes mortalidades de la vida silvestre, sugiriendo que pueden causar una sustancialmente mayor afectación de la vida silvestre que muchas actividades humanas.

Un estudio estadístico estableció que los gatos domésticos libres fueron una causa importante para la extinción del 40 % de las especies estudiadas. Los científicos Moors y Atkinson escribieron, en 1984: “Ningún otro depredador alienígena ha tenido un efecto tan universalmente dañino”.

Podría continuar largamente escribiendo sobre los estudios científicos que muestran el terrible efecto que la proliferación de gatos domésticos viviendo libres tiene sobre los ecosistemas naturales, pero he querido llamar la atención de este tema ante la falta de control de ellos en diferentes parques de la ciudad. Muchas personas bien intencionadas adecuan espacios y alimentan permanentemente a gatos sin que se regule su proliferación. Los que visitamos estos parques constatamos atónitos su permanente incremento, así como la presencia de numerosos gatitos pequeños que evidencia la ausencia de programas de esterilización.

Invito, como ejemplo, a que se visite el parque lineal de la Kennedy Norte, declarado reserva natural, donde la población de gatos es cada vez mayor sin autoridad que controle. Es loable la preocupación de algunas personas por estos “amigos de cuatro patas”, pero ¿qué hay de los otros amigos que habitan ahí, aquellos de dos, cuatro, seis o más?, aquellos que estaban mucho antes. Este parque es uno de los últimos refugios de especies silvestres en la ciudad que están ahora amenazadas de desaparecer por el descuido de aquellos que deberían protegerlas.

Es urgente que se tomen medidas de control que eviten la proliferación de gatos en estas y otras zonas. Los gatos domésticos deben tener propietario y domicilio. Los expertos recomiendan colgarles collares con pequeñas campanas que permitan alertar a sus potenciales presas.

Debe prohibirse la adecuación de hogares de gatos domésticos sin dueños en espacios naturales. No hay duda de que merecen afecto y cuidados, pero también lo requieren las especies silvestres que viven en la naturaleza y que están siendo diezmadas hasta desaparecer por especies introducidas como los gatos.

Confío en que alguna autoridad ambiental, del cabildo o del MAE, tomará medidas concretas para detener esta amenaza a la maravillosa diversidad de especies de nuestros ya pocos espacios naturales. (O)