Esta semana recibí el texto de una carta-propuesta que habría sido cursada al presidente Lenín Moreno, a la exministra de Salud María Verónica Espinosa, al ministro de Educación Fander Falconí, al exministro del Trabajo Raúl Clemente Ledesma Huerta y al exsecretario de Educación Superior Augusto Barrera. Su autor me solicitó opinar al respecto. Se trata de Carlos Justo Valencia Calderón, médico neurólogo, neurocirujano y doctor Ph. D. por la Universidad Autónoma de Barcelona. Valencia me cuenta que laboró en el servicio de Neurocirugía como tratante y director de la Unidad Multidisciplinaria de Epilepsia del Hospital Pediátrico Baca Ortiz y es profesor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y de la Universidad Internacional del Ecuador.
La propuesta tiene como antecedente su experiencia en el extranjero, con sistemas sanitarios evolucionados y de alta competencia asistencial, científica y tecnológica, y la situación compleja que según él, envuelve al sistema sanitario público nacional. Es que Valencia fue investigador sénior del Proyecto Prometeo de la Senescyt, evaluador del Ceaaces de la carrera de Medicina, médico tratante de hospitales públicos durante 17 años, director del Departamento de Docencia e Investigación del hospital Baca Ortiz. Además, evaluó diferentes facultades de Medicina del país y ha tratado con centenares de médicos generales en funciones asistenciales y médicos residentes de posgrado de casi todas las especialidades clínicas y quirúrgicas.
Con esa experiencia, ha podido constatar la inconveniencia de la permanencia durante muchos años en los cargos de los jefes de servicios hospitalarios públicos (10, 15 y 20 años). Advierte que muchos de esos profesionales están en los puestos por encargos y no por concursos de merecimientos y oposición; sin el título de especialistas que corresponde, en desmedro de la equidad, la meritocracia, lo cual tiene efecto negativo en los procesos y protocolos asistenciales. En casos complejos, puede ocurrir un manejo de los servicios asistenciales a conveniencia de las jefaturas, sin que pueda cuestionarse por el equipo de médicos tratantes.
Lo anterior acontece porque no se realizan concursos públicos abiertos para integrar las jefaturas de servicios hospitalarios, con la periodicidad de tres a cinco años que se requiere y con los candidatos más idóneos.
Valencia propone normatizar los concursos públicos para designar jefes de servicios clínicos, quirúrgicos y de diagnósticos en los hospitales públicos de todo el país. Donde los méritos (currículum) y la oposición (examen) tengan más valor que la entrevista del concursante, dado que esta fase se presta para favoritismos. El médico recomienda su modelo también para la educación y la justicia; y, ¡vaya que resulta harto interesante en tiempos de la evaluación de los jueces de la Corte Nacional y de todo el sistema judicial!
La propuesta parece sensata y beneficiaría a los más capacitados científica y moralmente para el ejercicio de las jefaturas en los hospitales del Estado y hasta del IESS. Según un exdirectivo del Hospital Teodoro Maldonado Carbo, esta propuesta ayudaría a eliminar presiones en las adquisiciones de insumos médicos no solicitados y a facilitar atenciones eficientes y oportunas. Para rescatar al IESS de las manos de médicos sin conocimientos ni experiencia administrativa mínima, que llegaron con el correísmo… ¿para desalojar a la política delincuencial?(O)