El trajín de quitarse los zapatos, remangarse el pantalón para cruzar calles anegadas y esperar más de lo habitual el transporte público no es la única incomodidad que deja el invierno en Guayaquil. Con las lluvias también emerge otro problema: la presencia de ratas en distintos puntos de la ciudad. Las precipitaciones inundan madrigueras, alcantarillas y terrenos baldíos donde suelen refugiarse estos roedores.