El Consejo Nacional Electoral acaba de reconocer, por mayoría, que las elecciones ecuatorianas han sido cooptadas por grupos de delincuencia organizada, GDO, que obligan a moradores de sectores y a miembros de instituciones que controlan, a demostrar el voto como ellos lo quieren, con una fotografía digital tomada con su smartphone tan cerca de la urna como les sea posible.
Es lo que queda de la resolución del jueves anterior tomada por el CNE sobre un pedido del candidato-presidente Daniel Noboa, pese a la negativa y radical rechazo de los miembros de RC-5, encabezados por la candidata rival de Noboa, Luisa González.
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¿Es posible que la “prueba de amor”, o mejor diré, de terror, a algún GDO haga que ciudadanos se condicionen a fotografiar el voto como evidencia? Sí, es posible. Y de eso saben los políticos del gobierno; los del CNE; de la RC-5 y de toda una diversidad de partidos y movimientos que en lo que va de este siglo han estado en el tope de las preferencias y que respaldados en la tecnología pidieron en este primer cuarto del siglo XXI similar “prueba de amor” a su militancia o a quienes han sido “premiados” con un cargo público y lo quieren mantener. Es decir que el recurso de la fotografía del voto no es nuevo, lo que ha cambiado es el destinatario de la gráfica y la retaliación posible, que podría ser sangrienta.
La foto vino a reemplazar, en el contexto de la manipulación electoral, al camioncito agrícola con el que a inicios del siglo XX se sacaba a votar a labriegos, muchos de ellos analfabetos, a los que se enseñaba una foto del candidato que el patrón pedía apoyar, y así mantenerse en su trabajo. O al “cambiazo” de papeletas detectado en el siglo anterior, protagonizado por un sujeto que registraba el depósito en la urna del voto, previamente rayado y entregado al manipulado, que debía devolver el voto en blanco que le habían dado a él, como muestra de que cumplió. Y solo con esa prueba recibir un pago.
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¿Puede este voto manipulado ser decisivo en los comicios actuales? Sí, puede. Porque es tan claro el empate entre ambas posturas políticas que lo que queda por recoger es aproximadamente un 8 % de la votación, equivalente más/menos a un millón y medio de votos, o lo que es lo mismo: el que logre recoger cerca de 750 de esos votos romperá el empate del balotaje y triunfará.
¿Hay forma de controlar el tránsito de smartphones al momento de sufragar? Tarea difícil. Los smartphones, ahora de todo tamaño y cada vez más eficientes, tienen mil escondites entre las ropas vistas y no vistas de su usuario y se requerirán elementos del orden dedicados solo a rastrearlos, si de verdad se cumple lo dispuesto por el CNE. Tarea compleja por las condiciones incómodas en que se suele desarrollar el acto de votar y además en debate sobre si se está afectando o no el derecho a la privacidad por hacer prevalecer la disposición de que el voto sea secreto.
Pero como no hay nada más atractivo que lo prohibido, ya veremos las redes sociales invadidas por quienes esperan aplausos (y likes) por la foto del voto que lograron a escondidas, en las narices de las fuerzas del orden. Cosas de nuestra endeble democracia. (O)