El tratamiento para el retinoblastoma (el cáncer ocular más frecuente en la infancia) acaba de dar un salto importante en Ecuador gracias al Hospital Metropolitano de Quito y a su nuevo programa de quimioterapia intraarterial, cuyo objetivo es prevenir la ceguera asociada a esta enfermedad.

Si bien la existencia de tratamientos para esta dolencia no es nueva, como lo son las opciones con láser o la cirugía tradicional, no son tan efectivos como la quimioterapia intraarterial, programa que hasta ahora no existía en el país. Este procedimiento de alta complejidad ataca de forma directa al tumor desde el interior de la arteria oftálmica. Por esta razón se conformó un equipo multidisciplinario de alto nivel, integrado por médicos especialistas, enfermeras y farmacéuticos, para llevar a cabo esta práctica.

Este nuevo hito de la institución incorpora tecnología de punta con el fin de salvar el globo ocular de pacientes que, hasta hace poco, estaban destinados a la enucleación (extirpación del ojo) o a seguir costosos tratamientos en otros países, una realidad que hoy ha cambiado para estos pacientes oncológicos.

La terapia consiste en el uso de un microcatéter que recorre desde la zona inguinal hasta la arteria oftálmica; una vez allí, se aplica la medicación directamente en el ojo afectado, con el objetivo de maximizar el efecto sobre el tumor y minimizar los efectos secundarios de la quimioterapia.

“Nos estábamos quedando sin armas para ofrecer a estos niños. Con este tratamiento, ahora no solo buscamos que el paciente sobreviva al cáncer, sino que pueda seguir viendo, asistir a la escuela y tener una vida plena”, aseguró la doctora Gisella Sánchez Fernández, hematoncóloga pediatra y subjefa de Pediatría del Hospital Metropolitano.

Esta iniciativa es el resultado de un trabajo articulado entre el Hospital, la Fundación Metrofraternidad y un equipo de médicos voluntarios especializados, quienes han sumado gestión, conocimiento clínico y tecnología de punta para poner en marcha una técnica altamente eficaz en el tratamiento del retinoblastoma.

Los primeros pacientes en beneficiarse de este tratamiento médico de vanguardia son tres niños de escasos recursos de la Fundación Metrofraternidad, que debido a la agresividad de la enfermedad, ya habían perdido uno de los ojos y poco después se vieron obligados a considerar la extirpación del segundo. Gracias a este tratamiento, no tuvieron que continuar con ese proceso. “Uno de los casos más conmovedores es el de una niña que antes solo percibía bultos; hoy puede ver y reconocer su entorno. Es un cambio radical de vida”, destacó Sánchez.

Con este nuevo procedimiento, el Hospital Metropolitano reafirma su liderazgo en medicina de alta complejidad al integrar protocolos internacionales de vanguardia, posicionando a la oncología pediátrica del país al nivel de excelencia de los principales referentes mundiales.