En la aldea de Zhuyuan, China, hay un edificio que todos reconocen. No solo por el número de pisos, sino por la cantidad de personas que viven allí y porque además son de una misma familia.
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En Zhuyuan al inmueble lo llaman el “gran edificio dorado”. Se construyó en diez años. Para el patriarca Zhou, el edificio representa las raíces.
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