Sobre una balsa improvisada con una plancha de zinc, palos y plásticos amarrados con alambres, Miguel Colimes se abría paso entre el agua en Nueva Unidad Sur, en Milagro, este jueves 26 de febrero.

Tiene 40 años y vive desde hace dos décadas en este sector, uno de los más golpeados por las anegaciones.

Desde el miércoles pasado, él decidió convertir la emergencia en una forma de subsistencia: comenzó a trasladar personas y pertenencias desde las zonas más inundadas hacia puntos donde el nivel del agua era menor.

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“Por persona cobro $ 1. Cuando son cosas grandes, como camas, electrodomésticos o motos, a veces $ 5”, explicó, mientras desembarcaba una motocicleta sobre su frágil embarcación artesanal.

Un día antes ya había realizado un traslado de las pertenencias de una familia: juego de muebles y tres televisores. “Aquí entra casi todo. Ya saqué una casa completa”, contó.

El transporte inventado por Miguel Colimes durante las anegaciones en Milagro. Foto: El Universo

Miguel también es damnificado. En su vivienda se dañaron la lavadora, la cocina, bombas de agua y otros electrodomésticos, con pérdidas que superan los $ 800.

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Sin embargo, decidió armar su balsa con lo que tenía a mano y salir a trabajar. “Si no, ¿qué hace uno? De algo hay que vivir. Nadie viene a dejarle la comida a uno acá adentro. Hay que rebuscársela como sea, pero honradamente”, dijo.

En el sector San Miguel, Jorge Velázquez encontró otra forma de generar ingresos en medio del desastre.

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Con su motocicleta empezó a trasladar personas desde las zonas anegadas hasta el hospital del Seguro y sectores donde el agua ya no cubre las calles.

“Cobraba $ 1 por carrera. Mucha gente iba con niños, con bolsas, con cosas. Algunos pudieron avanzar hasta otras zonas”, relató.

“Gracias a Dios mi motito no se dañó y pude al menos hacer un dinerito. Tú sabes que ahora la situación es complicada y de algo uno tiene que vivir, siempre y cuando sea honesto”, afirmó.

Para muchos vecinos, estos servicios improvisados se convierten en la única forma de salir de sus casas, mover pertenencias o llegar a centros de salud.

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Las escenas se repitieron este jueves en distintos barrios: balsas artesanales cruzando calles convertidas en ríos, motocicletas transportando personas entre el agua, vecinos que cobran lo mínimo para ayudar a otros a salir de zonas inundadas.

Son pequeños emprendimientos nacidos de la necesidad, en medio de una emergencia que dejó decenas de damnificados.

La emergencia en Milagro

Milagro sigue 50 % bajo el agua con el suroeste más afectado. Foto: Francisco Verni Peralta

Tras las intensas lluvias del lunes 23 de febrero, el desbordamiento del río Milagro provocó anegaciones en distintos sectores del cantón. Para el martes 24, cerca del 70 % del territorio permanecía bajo el agua.

Ese día se habilitó un albergue en la unidad educativa 17 de Septiembre, con capacidad para 350 personas, que hasta el miércoles acogía a 302 damnificados.

Este jueves, la situación mostró una leve mejora en el casco urbano. La cota del río se ubicó en 10,1 metros, lo que permitió que el centro de la ciudad ya no registrara presencia de agua.

Milagro continúa un 50 % bajo el agua. El mayor problema persiste en el suroeste del cantón, donde cerca del 30 % del sector continúa anegado y el 20 % restante está dividido en otras zonas.

Es la zona más baja de Milagro, con cotas cercanas a 8 metros y muros de contención a 12, por lo que la evacuación del agua depende directamente del funcionamiento de la estación de bombeo.

En medio de la emergencia, el alcalde de Milagro, Pedro Solines, señaló que uno de los factores que agravan la situación es la gran cantidad de asentamientos ilegales en zonas de riesgo y afirmó que no los va a legalizar, “así tenga un costo político”, estimando cerca de 10.000 asentamientos en áreas vulnerables del cantón.

La prefecta del Guayas, Marcela Aguiñaga, coincidió en que la ocupación irregular del territorio es un problema estructural, pero sostuvo que se trata de sectores donde ya viven miles de personas desde hace años, sin servicios básicos, alcantarillado ni redes de drenaje pluvial.

Planteó que la salida no puede limitarse al rechazo de las invasiones, sino que debe pasar por una planificación urbana que permita ordenar el crecimiento, integrar a estas comunidades, legalizar progresivamente los terrenos y ejecutar obras de saneamiento ambiental.

La emergencia continúa activa y el agua baja lentamente, sin embargo, en los barrios más afectados también se multiplican estas iniciativas espontáneas. (I)