Marcela Tapia pasa el paño sobre las mesas y revisa el reloj. Son cerca de las 21:00 del lunes y ya inició el cierre en el restaurante de comida y pastelería donde trabaja, en Urdesa. No es el horario habitual. Cada minuto cuenta porque, si se retrasa, pierde el transporte que la recoge para volver a casa.
Tiene 21 años y esa noche le tocó encargarse sola. “A las nueve comienzo a cerrar. Limpio, organizo y dejo todo listo”, explicó mientras avanzaba entre las mesas.
El trabajo no termina cuando el último cliente se levanta. La limpieza, el orden y la caja forman parte de un proceso que ahora se realiza en menos tiempo.
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El margen es corto. El transporte pasa entre las 22:00 y 22:15 y debe estar lista. “Tengo que estar a esa hora”, dijo. Si algo se demora, el regreso se complica. En jornadas anteriores, el cierre podía extenderse más, pero ahora el tiempo se ajusta para evitar inconvenientes en la calle con el toque de queda.
El problema aparece cuando los clientes llegan cerca del cierre. “A veces llegan en grupo antes de las nueve y eso retrasa la limpieza; entonces, se complica contra el tiempo”, señaló.
Aunque se los atiende, el impacto se siente en la salida del personal, que debe acelerar cada tarea para cumplir con el horario.
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Otros locales se adaptan al nuevo horario
En otros locales de la zona, el cierre también se adelanta. En Shawarma Jabibi, Julio Vargas, de 31 años, explicó que el proceso se inicia antes de lo habitual. “A las 22:00 comenzamos a recoger y a las 22:30 ya tenemos que cerrar”, indicó.
La atención se modifica conforme avanza la noche. “Máximo hasta las 22:00 atendemos, pero los últimos pedidos son para llevar. No podemos dejar que se queden porque se hace tarde”, dijo. El ajuste implica cambiar la forma en que se reciben los pedidos en la última hora.
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El cierre también requiere coordinación interna. “Hay compañeros que se van antes, unos 20 o 30 minutos, pero igual hay que calcular bien el tiempo”, agregó. Esto depende de la distancia a sus viviendas y de las opciones de transporte disponibles.
La movilidad se ha convertido en una dificultad para parte del personal. Vargas explicó que no todos cuentan con vehículo propio. “Hay gente que no tiene cómo irse y ahí se complica, porque pueden quedarse en la calle”, señaló. El horario limita las opciones de traslado.
Restricciones y seguridad para el personal
En el local de asados Grueso, Largo y Kbzon, el horario también se ajustó. Cristian Delgado, propietario del negocio, indicó que el cierre pasó de las 23:00 a las 21:30. “Hasta las 21:15 atendemos normal. Después de eso, si llegan clientes, solo es para llevar”, explicó.
El objetivo es que el personal pueda salir a tiempo. “Los chicos se demoran unos 30 minutos en cerrar y a las diez ya están saliendo”, indicó. Ese margen permite que cada trabajador inicie su trayecto antes de la restricción.
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El cambio coincide con una franja en la que antes se concentraba mayor movimiento. “Entre las nueve y nueve y media comenzaba a llegar más gente, pero ahora nos toca cerrar”, sostuvo. Esto ha modificado la forma en que se distribuyen las ventas durante la jornada.
Para evitar retrasos, también se ha limitado el consumo en el local. “Antes dejábamos que se queden más tiempo, pero eso hacía que el personal se retrase. Ahora ya no”, señaló. La atención en mesa se reduce en la última parte del horario.
Algunos trabajadores regresan en bus, otros caminan o dependen de transporte contratado. La salida anticipada busca reducir el riesgo de quedarse sin opciones de movilización en la noche.
De vuelta en el restaurante, Marcela revisa que todo esté en orden antes de salir. El cierre del local no depende únicamente de la demanda, sino del tiempo disponible para cumplir con la jornada.
Cuando termina, se dirige al punto donde la recoge el transporte. Como ella, otros trabajadores en Urdesa ajustan sus horarios para cumplir con el cierre anticipado y poder regresar a sus casas sin contratiempos. (I)




