“Era un ambiente festivo que se mantenía todo el año”, recuerda Isabel Tapia, propietaria del restaurante La Sazón de Mami Carmen, en Durán. Ella tenía hace poco más de diez años un local de venta de fritada y caldo de salchicha frente al malecón Alfredo Palacios.
En ese sitio, lo tradicional era la hilera de fritanguerías. Al menos diez de estos negocios estaban uno junto a otro. Allí, los dependientes de los locales con palillos de dientes ensartados a bocados de fritada buscaban que los turistas que estaban al pie del malecón degustaran el cerdo frito y se quedaran a consumir.
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La fritada, un plato de la Sierra que se arraigó en Guayaquil
“Los locales juntos eran lo icónico de Durán, como la esencia. La gente decía: ‘vamos por el malecón’, porque eso era lo tradicional y lo conocido. La gente venía a Durán solo a comer fritada”, recuerda Tapia.
En la zona aún se mantienen un par de locales. Uno de ellos es el Palacio de la Fritada, que atiende al público desde hace más de 40 años. Los hermanos Carlos Ortiz y Juana Molina administran el negocio. Marco Castillo, esposo de Molina, recalca que la vivacidad que se tenía hace más de diez años es ahora casi inexistente.
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“El poco flujo de turistas y la inseguridad se han conjugado para diluir lo que quedaba del centro de fritada que era esta zona”, dice Castillo.
Sin embargo, pese a las adversidades, el negocio abre todos los días y exhibe en sus mostradores los trozos de chancho frito, el mote cocinado, la tortilla de papa, el chicharrón, chifles y una salsa criolla de tomate con cebolla.
Las tareas en su fritanguería comienzan temprano. Desde las 08:00, aproximadamente, empiezan a preparar la carne para que esté lista a las 10:00 que abren el local.
Los demás negocios, según cuentan vecinos, salieron de la zona del malecón cuando se empezaron a construir un centro comercial y sedes bancarias. Otros, en cambio, cerraron de forma definitiva en la época más crítica de la pandemia en 2020.
En la avenida Ponce Enríquez y 16 de Octubre, a pocos metros de la estación del tren en Durán, se han instalado varios de los locales de fritada que antes estaban en el malecón. De hecho, ahí tiene su local El Sazón de Mami Carmen y destaca El Chanchito de Berthita, que está diagonal. Los platos se ofrecen desde los $ 5.
En la calle principal de Pascuales, la avenida Montecristi, que alberga a comercios y cadenas de supermercados, los mostradores de restaurantes exhiben los trozos de maduro, los chifles, el mote y la carne de cerdo dorada.
Desde lejos se destacan las fritanguerías por sus letreros en colores llamativos como el amarillo y rojo y sus mostradores de vidrio.
Según Luis Cando, quien trabaja en esta parroquia desde hace más de 20 años, la avenida “de las fritadas” poco a poco se fue fundiendo con el comercio. Él dice que ahora es difícil identificar a los locales pequeñitos que venden además de fritada, bolones y maduro con queso.
Desde 1995, William Molina ‘invade’ con el olor a fritada la esquina de Rumichaca y Alcedo
“Pascuales era o es sinónimo de fritada, chicharrón y del caldo de salchicha. Por décadas se caracterizó a esta zona porque desde lejos se percibía el olor al cerdo fresco, recién salido del fogón. Poco a poco el flujo de gente bajó y los jóvenes no se decantan por comer el plato”, relata.
La propietaria de la fritada La Colorada cuenta que, al igual que Durán, los negocios se fueron dispersando. Algunos se mantienen en la vía principal de la parroquia; otros, en cambio, decidieron instalarse en otras partes de Pascuales o irse hasta Guayaquil.
De recibir a decenas de clientes todos los días, ahora los propietarios colocan sus expectativas en los fines de semana y feriados. La falta de circulante, la delincuencia y el temor de la gente a salir de sus hogares frenaron las ventas, según los dueños de restaurantes.
“Queremos que otra vez Pascuales brille por su fritada y su morcilla. Hace falta volver a rescatar lo típico para que la gente vuelva a venir como antes”, dijo la propietaria del negocio. (I)