Blanca Ayala caminaba con dificultad entre el agua turbia que aún cubre las calles de Margaritas 2, en Milagro. Tiene 72 años, sufre de presión alta y hace un año perdió a su esposo durante el invierno.

En su sector, el agua le llega más arriba de la cadera. “Aquí tenemos años sufriendo con esta agua, nunca nos han rellenado. Yo quedé viuda por un invierno y ahora cargo sola”, dice visiblemente conmovida.

Su casa quedó bajo el agua. Perdió muebles, un televisor, un ropero, una cómoda y un congelador. Calcula daños que superan los $ 500.

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Fue asistida por el Cuerpo de Bomberos, que la ayudó a salir de su vivienda, y se acercó a las brigadas médicas de la Prefectura del Guayas, que arribaron este jueves a la zona para consultarles sobre medicina, ya que se sentía mal de la presión arterial.

“Lo que uno pide es medicina y algo de comida. Yo vivo sola, una amiga me ayuda”, contó mientras observaba lo poco que logró salvar.

En el sector de San José, Fernando Hurtado, también de 72 años, recorrió las calles inundadas buscando ayuda.

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Su principal preocupación no fueron las pertenencias dañadas, sino un familiar en silla de ruedas que permanece dentro de su casa rodeado de agua.

“Estamos pidiendo ayuda de corazón. Él está postrado, no puede salir solo. Necesitamos una silla adecuada para poder sacarlo”, explicó.

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El agua también dañó electrodomésticos y enseres de su familia, con pérdidas que estima en unos $ 500, pero su mayor angustia es la vulnerabilidad de su cuñado.

“Todos los años es lo mismo... aquí la gente entra y sale caminando por el agua, enferma, mojada, sin saber qué va a pasar mañana”, sostuvo y comentó que espera que las lluvias no se intensifiquen nuevamente.

En Nueva Unidad Sur, Carmen Guevara sostenía en brazos a su hija de 6 años. En su vivienda, el agua llegó a más arriba de la cintura.

“Tenía que cargarla porque se me ahogaba. Le empezaron a salir ronchitas en la piel, le pica mucho, estaba llorando por el picor”, relató.

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La madre teme que las infecciones empeoren por la exposición constante al agua estancada. “Mi hija no es la única, la gente ya se anda enfermando”, agregó.

Las historias se repiten en distintos sectores: personas caminando entre zonas anegadas, entrando y saliendo a pie de sus casas, niños con brotes en la piel, adultos con problemas estomacales y familias que permanecen en viviendas húmedas por la falta de alternativas.

Este jueves, 26 de febrero, la situación mostró una leve mejoría en el casco urbano. La cota del río se ubicó en 10,1 metros, lo que permitió que el centro de la ciudad ya no registre presencia de agua.

Sin embargo, el mayor problema persiste en el suroeste del cantón, donde cerca del 30 % del sector continúa anegado.

Es la zona más baja de Milagro, con cotas cercanas a 8 metros y muros de contención a 12, por lo que la evacuación del agua depende directamente del funcionamiento de la estación de bombeo.

A nivel general, cerca del 50 % del cantón permanecía bajo el agua hasta las primeras horas de este jueves.

En medio de la emergencia, el alcalde de Milagro, Pedro Solines, señaló que uno de los factores que agravan la situación es la gran cantidad de asentamientos ilegales en zonas de riesgo y afirmó que no los va a legalizar, “así tenga un costo político”, estimando cerca de 10.000 asentamientos en áreas vulnerables del cantón.

La prefecta del Guayas, Marcela Aguiñaga, coincidió en que la ocupación irregular del territorio es un problema estructural, pero sostuvo que son sectores donde viven miles de personas desde hace años, sin servicios básicos, alcantarillado ni redes de drenaje pluvial.

Planteó que la salida no puede ser únicamente el rechazo a las invasiones, sino una planificación urbana que permita ordenar el crecimiento, legalizar progresivamente los terrenos y ejecutar obras de saneamiento ambiental. Advirtió que, sin ese enfoque, la ciudad seguirá repitiendo la misma emergencia cada invierno.

Aguiñaga también alertó de los riesgos sanitarios derivados de la permanencia del agua.

Indicó que las brigadas médicas están atendiendo casos de infecciones cutáneas, problemas gastrointestinales por la mala calidad del agua y enfermedades asociadas a la humedad, además de entregar vitaminas, especialmente a niños.

Mientras el nivel del agua baja lentamente en Milagro, crece otra preocupación: las enfermedades que empiezan a aparecer tras días de exposición al agua contaminada. (I)