La mañana transcurre entre pasos pausados y voces bajas en el interior de la Catedral Metropolitana de Guayaquil, donde los fieles ocupan los bancos y permanecen atentos a una celebración que, según se repite en la homilía, recuerda que Cristo ha resucitado y que su presencia sigue vigente en la vida de quienes creen.
Es Domingo de Resurrección o de Pascua, que recuerda la celebración que marca el centro de la fe cristiana.
En horas de la mañana de este domingo, en la Catedral, las puertas se abren y se cierran con frecuencia, mientras grupos de personas ingresan, se acomodan y escuchan la lectura del evangelio, en tanto otros se retiran en silencio, muchos de ellos persignándose antes de salir, como parte de un recorrido que no se detiene durante la jornada.
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En la misa de las 10:00, el mensaje expuesto por el sacerdote se centra en la resurrección como fundamento de la fe y se plantea como una invitación directa a quienes escuchan, al señalar que la vida adquiere sentido cuando se comparte y cuando se orienta hacia aquello que, según explicó, permanece más allá de lo material, en una reflexión que se extiende durante varios minutos y que mantiene la atención de los asistentes.
Durante la homilía se recuerda el pasaje del Evangelio de san Juan en el que María Magdalena encuentra el sepulcro vacío y comunica lo ocurrido a los discípulos, quienes acuden al lugar y observan los lienzos, en una escena que, según indicó, no responde a un robo, sino a un hecho que transforma la comprensión de quienes lo presencian, resumido en la frase “Vio y creyó”, repetida como eje del mensaje.
El sacerdote señala que ese testimonio es el que se transmite hasta la actualidad y sostiene que quienes lo asumieron en ese momento lo difundieron pese a las consecuencias, planteando a los presentes la pregunta sobre qué están dispuestos a hacer con esa misma convicción, en una reflexión que vincula el relato bíblico con la vida cotidiana.
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También menciona que bienes como el dinero, la vivienda o la salud pueden perderse, mientras que la fe se proyecta más allá de la vida, por lo que se invita a los asistentes a decidir qué es aquello por lo que desean orientar sus esfuerzos, en un planteamiento que se repite a lo largo de la intervención.
En los bancos, varios fieles escuchan en silencio, algunos con la cabeza inclinada, otros con la mirada fija hacia el altar, mientras que en los exteriores se agrupan personas que esperan el siguiente ingreso o conversan brevemente tras haber participado en la misa.
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Jorge Macías llega acompañado de su madre, quien lo sostiene para avanzar entre quienes permanecen en los alrededores, y explica que acude desde temprano con un objetivo concreto. “Madrugando a la misa para pedirle a Dios por la salud de toda la familia”, indica.
Añade que el mensaje que retiene es el del perdón, en una idea que repite al retirarse. “Mensaje de Dios, que quita todos los pecados”, señala.
Carmen García, de 48 años, quien también acude a la Catedral, explica que acude cada año porque considera que este momento le permite detenerse y analizar su situación personal. “Todos los años vas a recapacitar mucho. La verdad que toca reflexionar”, afirma.
Sostiene que durante la celebración se enfoca en lo que se transmite desde el altar y añade que realiza peticiones vinculadas a su entorno familiar.
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Más adelante, Olga Guerrero, de 74 años, señala que mantiene esta práctica como parte de su vida. “Vine porque es una devoción como todos los años”, expresa.
Se detiene unos segundos y describe el sentido que tiene para ella esta celebración. “Es la más especial, es la más grande del año”, indica y agrega que el momento le permite recordar lo que, según sus palabras, representa la fecha. “Recordar todo lo que él (Jesús) pasó por todos nosotros”, sostiene.
Explica que su asistencia está relacionada con su estado de salud y con la necesidad de continuar. “Es la vida y mi fuerza para seguir luchando con la enfermedad”, dice y menciona que durante la semana participó en la procesión del Cristo del Consuelo, aunque no completó todo el recorrido.
En otras iglesias, las misas y mensajes del evangelio se replican para conmemorar el fin de la Semana Santa. (I)



