La reciente ola de calor que afecta al Litoral ecuatoriano reactivó el debate sobre cómo enfrentar el incremento de las temperaturas en zonas urbanas.
Según el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología, Guayaquil ha registrado picos de hasta 35,6 grados y sensaciones térmicas cercanas a los 40 grados en determinadas horas del día.
En este contexto, el investigador y docente de la Espol Julián Pérez Correa planteó la necesidad urgente de implementar corredores verdes en la ciudad.
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“Es urgente crear corredores verdes”, afirmó Pérez al ser consultado sobre la pertinencia de este tipo de infraestructura ecológica.
Explicó que el calor en Guayaquil se ha intensificado y que los corredores verdes no solo permitirían conectar los remanentes de bosque existentes, sino también reducir la temperatura urbana.
Pérez citó el caso de Medellín, en Colombia, donde un proyecto similar logró disminuir hasta en dos grados centígrados la temperatura en las zonas intervenidas.
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La experiencia de la ciudad colombiana, que puso en marcha su programa en 2016, incluyó más de 30 corredores que integran avenidas arboladas, jardines verticales, parques y quebradas.
Con una inversión inicial de $ 16,3 millones y un plan de mantenimiento anual, la estrategia permitió contrarrestar el efecto de isla de calor y mejorar la calidad del aire. Para Pérez, ese modelo puede replicarse en Guayaquil con resultados incluso superiores.
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“Debería implementarse aquí y podría tener mejores resultados, porque Guayaquil tiene más áreas de bosque, aunque están desconectadas”, señaló.
A su juicio, la clave está en unir esos fragmentos a través de corredores que funcionen como puentes ecológicos y, al mismo tiempo, como espacios urbanos más habitables.
Costos y beneficios sociales
Sobre los costos, indicó que el monto dependerá del alcance del proyecto, pero estimó que una iniciativa integral podría requerir al menos $ 5 millones. Esta cifra contemplaría la adecuación de espacios, la adquisición de árboles y su mantenimiento.
No obstante, subrayó que el análisis debe considerar el beneficio social. “Si se comparan los gastos en salud, movilidad o energía que hoy asume la ciudadanía por el calor, el costo-beneficio sería favorable”, explicó.
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Guayaquil, ciudad árbol del mundo: un desafío mayor
El investigador también se refirió al reciente reconocimiento internacional que recibió el Puerto Principal como Ciudad Árbol del Mundo, distinción otorgada por la FAO y la fundación Arbor Day.
El programa evalúa planificación, normativa, presupuesto e inventario del arbolado urbano. Guayaquil ingresó a una red de 283 ciudades tras acreditar, entre otros requisitos, la siembra de 40.000 árboles durante la actual administración.
Guayaquil obtiene reconocimiento internacional como Ciudad Árbol del Mundo
Pérez consideró que el reconocimiento es positivo, pero implica mayores responsabilidades. “Es importante, pero nos pone la vara más alta”, sostuvo.
Añadió que la reforestación, aunque necesaria, ya no es suficiente frente al escenario climático actual.
“No se trata solo de sembrar, sino de restaurar y regenerar. La reforestación genera costos de mantenimiento y las plantas jóvenes también sufren con el calor”, indicó.
Hacia una planificación urbana ecológica
En ese sentido, planteó que los nuevos proyectos deben basarse en criterios ecológicos propios del bosque seco tropical que caracteriza a Guayaquil.
La restauración y regeneración permitirían fortalecer la funcionalidad ecosistémica, un concepto que, dijo, ha cobrado relevancia en las últimas dos décadas.
Además, insistió en el uso exclusivo de especies nativas para evitar problemas de invasión biológica. Respecto a los puntos prioritarios, mencionó zonas con escasez de parques o con predominio de superficies de cemento.
También identificó áreas estratégicas donde la conexión sería más viable en una primera etapa, como el tramo que separa el bosque protector Cerro Azul del bosque protector Paraíso, divididos por la vía Perimetral y la vía a la Costa.
“Se puede empezar por los casos más fáciles para generar evidencia y luego avanzar hacia los más complejos”, explicó.
En cuanto al papel de la ciudadanía y las autoridades, señaló que la educación ambiental es una tarea compartida. Destacó los programas académicos que promueven visitas a bosques protectores para enseñar sobre su importancia, pero enfatizó que la información y la participación activa son fundamentales.
“La información genera poder y el poder genera capacidad de decisión”, afirmó. El Municipio, por su parte, ha informado que la ciudad cuenta con un inventario de 3.400 parques y áreas verdes y que se han intervenido avenidas principales, redondeles y distribuidores viales con trabajos de arborización y paisajismo.
Además, proyecta superar los 38.000 árboles sembrados en esta administración y ejecutar la repotenciación de 70 parques. Pese a los avances, Pérez reconoció que la ciudad aún está rezagada en materia de infraestructura verde, aunque no estancada.
Consideró que el tema cobrará mayor relevancia en los próximos procesos electorales y que, en un plazo de cinco años, podrían concretarse soluciones si existe voluntad política, recursos y compromiso ciudadano.
Para el investigador, el desafío no es menor: transformar la planificación urbana para que la naturaleza deje de ser un elemento decorativo y se convierta en eje estructural del desarrollo. (I)





